El catamarán

Rafael Navas

Bajan los tipos interés

ES difícil adivinar qué es lo que está pasando por la mente de la mayoría de las personas en estos momentos. ¿El incierto resultado de las elecciones vascas y gallegas que se celebran hoy? ¿La política de pactos postelectorales del PSOE y el PP en estas dos comunidades autónomas? ¿O tal vez el estado de la identidad andaluza con motivo de la celebración del 28-F? ¿No será que a mucha gente lo que realmente le preocupa es la crisis económica? ¿O es el estado de la Justicia y sus relaciones con el Gobierno lo que trae de cabeza a más de medio país? ¿O, más grave aún, los escándalos de corrupción que afectan a muchos políticos de diferente signo? ¿No será que la gente ya está cansada de tanta acusación cruzada de corrupción y, empachada de tanto y tanto escándalo, acaba pensando que todos los políticos son iguales? ¿Son los planes generales de ordenación urbana de nuestros municipios los que realmente concitan la inquietud ciudadana y mueven a la participación con propuestas para mejorar la calidad de vida?

No nos podemos ni imaginar lo que de verdad pasa por la cabeza de una gran mayoría de personas. A veces es un resultado de un partido de fútbol lo que quita el sueño. Otras, el posible desenlace definitivo de una serie de televisión. Y por estas latitudes, la letra de una agrupación de Carnaval o el posible error en el recuento de los puntos del concurso del Falla. Por increíble que nos parezca, asuntos como estos (sólo unos ejemplos) compiten con el Euríbor que nos toca el bolsillo y con los tipos de interés, que no son precisamente disfraces con gracia. Aunque nos cueste admitirlo, esto es así por numerosas razones que resultarían largas de enumerar, pero entre las que se encuentran la errática política educativa, la dejación de los padres y madres, la pérdida de valores fundamentales, el penoso ejemplo de las instituciones y autoridades a la hora de cumplir con las obligaciones ciudadanas... y una enorme crisis de liderazgo en todos los ámbitos. En fin, lo que ya sabemos. Por eso no debe extrañar que cada vez haya mayor pasividad ciudadana, menos compromiso social y reine la ley del mínimo esfuerzo gracias al 'papá Estado' que todo lo soluciona. Pues en este escenario nos movemos. Y lo de "movemos" es un decir.

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