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Ojo de pez

Pablo Bujalance

pbujalance@malagahoy.es

Autoafirmación

Insistiremos en que la nación y la patria española, catalana, vasca, andaluza y cualquier otra están mejor cuanto más lejos

Anda decidida Teresa Rodríguez, parece, a sacar adelante su proyecto andalucista con hechuras de partido y concurrencia electoral al respecto. Y bien que hace. Sus motivos los ha dejado siempre claros: si en el debate político son las autonomías con un mayor autogobierno y con una mayor representatividad las que se llevan el gato al agua, ha llegado el momento de que Andalucía deje de hacerse la tonta, así que a por ello. Será divertido, de entrada, comprobar cómo se reactiva la nostalgia ante el andalucismo de nuevo cuño, que, por lo que hasta ahora parece, no resulta muy distinto del viejo. Por otra parte, si el andalucismo de antaño terminó siendo devorado por el PSOE andaluz, a lo mejor la figura política de Susana Díaz ofrece una representación fidedigna de lo que cabe a esperar a largo plazo. El argumento es aplastante: los ilustrados, pobres ellos, esperaban ver las banderas, los himnos y toda la parafernalia nacionalista convertida en piezas de museo, pero a estas alturas las patrias, las sensibilidades territoriales, los santos patronos y el rigor folclórico constituyen la verdadera madre del cordero, de manera que, madre mía, cuanto más de su pueblo sea uno y cuanta más aversión despierten los del otro pueblo más tajada se podrá sacar de la tarta tributaria. Que esto no iba de ciudadanía, pardillos.

Insisto, Teresa Rodríguez tiene todo el derecho del mundo a jugar en el tablero nacionalista. Pero cabe destacar el modo en que su discurso se ha ido ajustando, casi como un guante, a aquello que escribió Rafael Sánchez Ferlosio: "Sobre el modelo siempre delirante del agravio al abstracto, el furor autonómico pretende arrebatadamente elevar a la categoría abstractiva y a la capacidad simbólica cuantas cosas se muestren mínimamente combustibles a la fallera llama del narcisismo y la autoafirmación, multiplicando pavorosamente el número de cosas susceptibles al agravio". Sí, todo eso. Las referencias de Teresa Rodríguez al pueblo andaluz están cada vez más llenas de ese agravio elevado a lo abstracto y de ese narcisismo primario, pobrecito, legendario y sustentado en el vacío más absoluto. De manera que si se trata, como hace siempre el nacionalismo, de elevar ese vacío a una cualidad sagrada, afectada hasta lo ridículo, crecida en el mito y en la exclusión por sistema, entonces, Teresa, mejor lo dejamos.

Y si no, por mucho que a la izquierda le fascine este fenómeno, tanto como a la derecha, insistiremos en que la patria y la nación española, catalana, vasca, andaluza y cualquier otra están mejor cuanto más lejos. Ya está bien de identidades. Ya está bien.

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