Era la primera vez que a un líder del PP no lo designaba el dedo del líder saliente, sino el voto de los delegados en un congreso extraordinario. Lo hicieron en sentido contrario al que le hubiera gustado al líder saliente y, también, a quien había ganado por mayoría relativa en la pretendida primera vuelta de estas peculiares elecciones primarias. Pablo Casado, no Soraya Sáenz de Santamaría.

También ha sido la primera vez, desde que entró en el PP -por arriba, nunca por la base-, que el sevillano Javier Arenas, gran fontanero y mejor conocedor de las tripas del partido, se colocó sin apercibirse en el bando perdedor de una batalla orgánica. Siempre había salido a flote. No descarten que ahora también lo haga. Pierde igualmente Juanma Moreno, aunque su derrota interna tendrá pocas consecuencias para su candidatura a la Junta.

A Soraya le ha pasado como a Susana en las primarias del PSOE: habría ganado si los electores de este fin de semana hubieran sido todos los votantes del PP, pero solamente elegían los militantes y compromisarios, más propensos a optar por la autoafirmación y el rescate de las esencias ideológicas que por el pragmatismo y la capacidad de gestión. Seguro que a Soraya le han perjudicado su desconexión deliberada de las estructuras del partido, sus modos de tecnócrata mandona y su desideologización. Todo lo que se percibe como grave carencia en momentos de tribulación e incertidumbre como los que viven hoy los militantes populares.

Si tuviera humildad se hubiera preguntado por qué tantos ministros, altos cargos y dirigentes con los que ella había trabajado se volcaban en favor de Casado. ¿Todos los que tuvieron encontronazos con ella estaban equivocados y sólo ella acertaba? Creo que perdió las primarias el día en que su enemiga Cospedal se entregó a la causa casadista. La duda era si los compromisarios que secundaban a la ex secretaria general obedecerían la orden de trasvasar su voto a Casado. Ayer se vio que sí. Y muchos incluso engañaron a Soraya prometiéndole un apoyo que no pensaban darle. Ocurre en todos los congresos de todos los partidos.

Es pronto para saber si la victoria de Pablo Casado posiciona mejor al PP en el panorama político nacional. En todo caso éste es un líder para la travesía del desierto (pérdida abrupta del poder, el desgaste incesante por la corrupción, competencia de Ciudadanos, Cataluña irresuelta). Está por ver si le dará para alcanzar el oasis.

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