El lunes se cumplen 50 años de la inauguración del Puente Carranza, aquella infraestructura ideada por el alcalde José León de Carranza y ejecutada por Jerónimo Almagro. Para su conclusión no había dinero en el erario municipal por lo que se requirió el apoyo de Dragados que a cambio pidió la inclusión de un peaje, no previsto, que le compensase de la inversión. Así se hizo y durante 13 años se pagaba por pasar el puente hasta que el gobierno de la UCD decidió suprimirlo tras numerosas movilizaciones ciudadanas (con cargas de los grises en San Juan de Dios incluidas). El Ayuntamiento de coalición PSOE, PSA y PCE se puso al frente de la demanda de la ciudadanía. Un vicepresidente de la UCD y diputado por Cádiz, José Antonio García Díez (dijo que no era cunero porque había hecho la mili en la provincia) impulsó la medida, prometió ser el último en pagar el peaje. Carlos Díaz dijo que él sería el primero en pasar sin pagar, en una jornada festiva que terminó con el alcalde de Cádiz como si fuera un torero, a hombros de la concurrencia. Ese puente facilitó la entrada en Cádiz pero promovió también la salida de gente que empezó a irse a vivir a El Puerto y al recién creado Polígono del Río San Pedro, una barriada de gaditanos que jamás se integró en la vida de Puerto Real. La antigua burguesía gaditana, que tanto nombre le había dado a Cádiz, abandonó la ciudad de golpe y porrazo para irse a Vistahermosa donde los niños tenían más espacio y había más sol. Hasta los brocales de los aljibes de los palacios señoriales gaditanos terminaron en los jardines de los chalets de El Puerto, el lugar en el que aquellas familias gaditanas se han instalado para siempre.

De resultas de aquella expropiación del Gobierno a Dragados el Ayuntamiento de Carlos Díaz pidió su parte en la indemnización como propietario del puente, lo que consiguió tras intensas gestiones del alcalde y mucha controversia. El Paseo Marítimo que diseñó Manuel González Fustegueras y obtuvo un premio nacional de arquitectura se hizo con el dinero obtenido del gobierno como fruto de la parte municipal en la indemnización.

Hoy el Puente Carranza es una obra en deterioro. Se le ve viejo y maltrecho, incluidas las huellas de las innumerables revueltas de astilleros que quemaban neumáticos en el asfalto, cortaban las farolas y le sometían a todo tipo de vandalismo. Frente a su joven y más grande hermano, parece una obra camino de la demolición.

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