Con la venia

fERNANDO / SANTIAGO

Albóndigas enjaezás

CHRISTPHER Walken le dice a Andy García en la película Cosas que hacer en Denver cuando estás muerto: "Se empieza defendiendo el Amazonas y se termina chupando pollas". Perdón por la cita escatológica pero viene a cuento de Ikea. Se empieza vendiendo el tornillo skungen y de ahí se pasa a la mesa Lack con lo que te cuelas inevitablemente en las albóndigas de caballo. Así funciona la República Independiente de su Casa, tan rara para los muebles y para la comida. No es que la carne de caballo sea mala para la salud pero por aquí no acostumbramos. Ya decía yo qué raro que Ikea se instala tan solo en Jerez y en Sevilla y ahora encontramos una explicación lógica: si hacen albóndigas de caballo no había sitio mejor para instalarse que en los sitios donde hay más caballos (en fin, ya saben a qué huele Jerez). En Cádiz lo dijo Paco Alba y bla bla bla. Quizás podamos añadir que los dos últimos caballos conocidos que tiraban de un coche tuvieron por nombre Teófila y Rafael, qué tiempos aquellos de política municipal y vida ciudadana a la par. Ahora no sabemos si esos jamelgos han terminado en unas albóndigas de Ikea o unas almóndigas de mi suegra, que ahora te dan gato por liebre y caballo por vaca a menos que te descuides. Y yo que tenía en alta estima a la almóndiga gaditana, la sola y redonda almóndiga hecha con carne de ternera picada, sencilla y honesta, una bola de carne suculenta y nutritiva en su esferidad. Ahora veo que los suecos también nos han ganado en esto. Snif.

Yo antes pensaba que Ikea había tomado los colores del Cádiz para instalarse en Jerez como un oxímoron o con objeto de atraer a la clientela de la Trimilenaria. Luego empecé a pensar que a pesar de que hay mucho tieso en Cádiz el machito gaditano no iba a dedicar un fin de semana a montar cómodas y estanterías, aunque cosas más raras se han visto. Ahora sabemos a ciencia cierta que instalarse en Jerez y en Sevilla y vender albóndigas de caballo tiene una clara relación causa efecto. Vale que al Bartolo se le achacase que vendía carne de perro, vale que un tío que vende bocadillos de tortilla en el Corralón se llamase Paco Culo pero ¿a quién se le puede ocurrir vender albóndigas de caballo? Solo a un sueco, a los compases de me han dicho que el amarillo.

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