¡¡¡A tu abuel@ l@ vacunan esta semana!!! Esta frase debería ser 'trending topic' en todas las conversaciones familiares portuenses.

Me prometí a mi mismo no escribir más sobre la pandemia, con el objetivo de que mis artículos no traigan penas; pero éste, que sí va relacionado con ella, abre un hilo enorme de esperanza hacia la salud de nuestros mayores.

Casi todos tenemos personas cercanas, que se han podido vacunar incluso con ambas dosis frente a esta pesadilla de virus que nos está comiendo la vida, cosa que cada vez irá siendo más normal, pero decir que tus mayores se han vacunado es de otro nivel. Decir que las personas mayores de ochenta años se están vacunando, es decir que han obtenido una vida más en el juego de su permanencia entre nosotros.

Si al año en el que nos encontramos, 2021, le restas 80, obtenemos el año 1941. Con esto quiero decir, que los más “jovencitos” que se van a vacunar, son aquellos niños que nacieron en plena postguerra española, años de hambre, miseria y muertes.

Se oía mucho en televisión durante los meses de confinamiento, que esta generación, la de nuestros abuelos, no se merecía un final así, cosa que subrayaría y pondría en negrita en los libros de historia de España.

Es la generación, que en mi caso, criaron a nuestros padres, aun puede ser que con algo de escasez, pero con trabajo sacaron adelante familias bastante más numerosas que la típica familia española de hoy en día.

El país que hoy conocemos, lo levantaron ellos; nosotros no hacemos más que estropearlo, rebuscando en un pasado que fue su presente y que ellos supieron o aprendieron a que fuese eso, solo pasado.

Su felicidad es más pura que la nuestra, más sencilla, más sana, más personal.

¿En qué parte de nuestro árbol genealógico y social se perdió esta sencillez?

Estos días me alegra la vista hasta el caos que se ha formado en el Centro Cívico de Caja de Aguas y, ¿sabéis por qué? Porque nuestra generación ha sido capaz de regalarles una vacuna, que se traducirá, si Dios quiere, en infinidad de futuros besos y abrazos mientras tengamos la suerte de tenerlos entre nosotros.

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