Tiempos aciagos

06 de enero 2026 - 07:00

Me crié en un tiempo en el que se pensaba que la humanidad progresaría, que las democracias avanzarían y las dictaduras retrocederían, que el derecho se impondría a la violencia, que las instituciones internacionales se irían fortaleciendo para evitar conflictos armados. Pero últimamente, con la irrupción de personajes autoritarios e inmorales como Trump o Putin, las cosas van en sentido contrario.

Creíamos que el conocimiento se impondría sobre la ignorancia, pero se le da más credibilidad a los bulos malintencionados e infundados que al conocimiento científico contrastado. La violencia se está imponiendo como forma de dominio del más fuerte sobre el más débil, la impostura más descarnada se utiliza para justificar lo injustificable. Creíamos que nunca más habría genocidios como el que sufrieron los judíos, y ahora son los verdugos. Avanzan los fascismos y retroceden las democracias. Pero lo peor de todo es que hay millones de personas a las que les parece bien, que apoyan a estos matones, asesinos e ignorantes; en nuestro país también.

Trump ordena bombardear Venezuela, no para restaurar la democracia, lo que tampoco estaría justificado, sino para apoderarse de su petróleo, y lo dice sin ningún pudor; y en España hay quien lo apoya.

Trump está normalizando los bombardeos, los asesinatos extrajudiciales, los secuestros, los golpes de estado, la vulneración del derecho internacional…, todo lo que sea necesario para Make América Great Again. No hay límites. Y en Europa y en España hay quien lo apoya.

Tenemos razones para estar más que preocupados. Esta teoría del todo vale por razones de seguridad justifica a Putin en su intento de dominar Europa del Este, y a China si decide apropiase de Taiwán.

Como dice Martín Caparrós, lo que estamos viviendo “es la evidencia de que un señor primitivo, semianalfabeto, vengativo, violento, despectivo, maneja el mayor ejército que el mundo ha conocido”.

Y quienes se pliegan y arrodillan ante los matones terminan siendo despreciados e ignorados por ellos. Ahí está Corina, y ahí estará Europa. Sólo un reducido grupo de países está levantando la voz de alarma ante esta agresión al derecho, a la dignidad y a la vida. Afortunadamente, España está en este digno club.

¿Qué mundo le estamos dejando a nuestros descendientes?

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