Antonio Morillo Crespo

LA SOLEDAD

La Corredera

09 de julio 2024 - 03:05

Es la peor enfermedad existente. La padecen sobre todo las personas ya ancianas que han perdido compañía, se han quedado solas en el mundo. Es la antítesis de aquello de “juventud divino tesoro, que te vas para no volver…”. Y así se diría: “Senectud maldito tesoro que te vas y vuelves a venir, cuando quiero llorar no lloro y a veces lloro sin querer”.

Hay excepciones, recuerdo haber visto en campos de la comarca en compañía del catedrático de Arqueología de la Universidad de Madrid García Bellido tumbas antropomorfas de eremitas abandonadas que cuando se sentían morir, labraban a la misma roca su tumba y se tumbaban en ella esperando su muerte. Gozaban de su soledad en plena naturaleza sólo alimentados de hierbas y miel silvestre.

Hay enfermedades del cuerpo, del soma y hay del psique que es del alma. La peor es ésta, la soledad, sentirse solo en el mundo sin tener nadie que acompañe. Es una angustia que roe el cerebro sin remedio alguno.

Recuerdo a un anciano llamado Manuel a quien pregunté, porque le veía muy triste, qué le pasaba y me respondió: “Mire usted, hace dos años que murió mi mujer y toda- vía duermo en la cama de matrimonio y cuando me despierto de madrugada, estiro el brazo hacia el lado por si todavía está allí y no encuentro más que a la almohada”.

Ya se sabe, es cosa no corporal, que no se quita con paracetamol ni medicina similar. Corroe el alma y da una sensación extraña y amarga que sólo se quita con la compañía de otras personas.

Recuerdo a una mujer ya muy mayor que se leía una novela cada semana y así ahuyentaba su soledad. Hay otros remedios: hacer deportes, caminar, mucho caminar, leer y leer. Ver fútbol, mucho fútbol. Ahora es tiempo con la Eurocopa de este deporte y si gusta, se llega hasta la emoción con los goles, los penaltis y los fuera de juego.

Yo, amable lector, te daría un consejo: si conoces a un solitario/a, hazle compañía, háblale, cuéntale historias, hasta chistes. No le pases de largo con un buenos días o buenas tardes. Busca un pretexto para dialogar con el o con ella. No sabes el enorme bien que le haces. Hay quien lo soluciona con la compañía de un perro. Si es apropiado, es una compañía súper agradable.

P.D.Por supuesto que existe lo contrario, el mogollón, el jolgorio, el jaleo que te vuelve loco. Pero ese es otro cantar y le viene bien a quien le gusta. Quizás, cada cosa en su sitio, al joven el mogollón y al viejo la soledad.

Todo puede tener su encanto, pero yo me he referido a quien lo sufre y a mi parecer, los remedios precisos. No podéis imaginar lo que sufre una persona adulta que se queda sola en el mundo y no tiene compañía. Por eso, no lo tomes a rollo macabeo. Hazle caso, si puedes, échale una mano.

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