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Ana Soria y Enrique Ponce han sido, sin duda, la pareja protagonista de este 2020. El diestro y la joven estudiante de Derecho coparon todas las portadas de la prensa de corazón después de confirmarse su relación este verano tras el divorcio del torero de Paloma Cuevas.

Todo apunta a que la pareja, a pesar de los incesantes rumores de crisis, acabará el año igual de enamorada que cuando empezó su romance. Y la reacción de Enrique Ponce ante el último cambio de look de la almeriense es muestra de ello. La joven compartió el último miércoles su nueva imagen con el pelo más corto de lo habitual con una melena tipo bob ondulada. Además de las instantáneas mostrando su nuevo aspecto en los stories de Instagram, Soria compartió una tierna foto con su nuevo peinado con el perro que tiene con Ponce, un adorable cachorro de Beagle llamado Ney. En esta imagen ha sido en la que Ponce no pudo contenerse y le hizo toda una declaración pública de amor a su novia, con la que recientemente ha confirmado que está pasando estas Navidades. "Te quiero mi vida", le escribió junto varios emojis de corazón.

Lo que queda claro es que el amor de Enrique Ponce por Ana Soria ha sido la noticia de este año, un noviazgo que ha hecho rejuvenecer varias décadas a un Ponce entregado a la causa de declarar a los cuatro vientos que lo suyo con esta chica que tiene menos años que su extinto matrimonio con Paloma Cuevas (Soria tiene 21 y Ponce llevaba casado 26 años), no es un mero capricho.

La relación de Paloma Cuevas y Ponce es muy buena, a pesar de que el diestro no haya firmado aún el divorcio. Las razones de esta tardanza tendrían que ver con una cuestión de ajustar determinados temas relacionados con el año fiscal y no con medidas que tengan que ver con desacuerdos económicos.

La separación matrimonial de hecho, que no de facto, conlleva, como en cualquier pareja con hijos, que tengan que ajustar sus agendas a la hora de repartir vacaciones, fines de semana y fiestas señaladas. En este sentido, Ponce tiene vía libre para encontrarse con las niñas siempre que quiera. Pero finalmente ni siquiera verá a sus hijas estas fiestas. El motivo no tiene que ver tanto con enfrentamientos personales como con las restricciones sanitarias derivadas de la pandemia que todavía atravesamos. En la mesa de Cuevas tienen prioridad sus padres, quienes ven casi a diario a sus nietas y Ponce, quiera o no quiera, ya tiene otro núcleo familiar ajeno a su primera familia. No mezclar uno con otro es lo más prudente para los abuelos de las niñas, así que el torero tendrá que hacer el sacrificio. No será la primera vez que antepone a su novia a sus hijas.

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