El amor todo lo puede. Supera obstáculos, derriba barreras. Todo lo puede, menos la ineptitud.

Esta es una historia basada en hechos reales, como las tvmovies de sobremesa. Como en esas producciones baratas, los protagonistas, personas con vidas corrientes, se ven envueltos en verdaderas pesadillas por un súbito cruce del destino. Solo que el giro argumental aquí es mucho más mundano que en la tele. No hay hijos desaparecidos, ni acosadores encubiertos; porque la desidia y la falta de profesionalidad se llevan el papel de malos de la película.

Érase que se era una pareja que decidió formalizar su relación pasando por el juzgado. Consultaron los trámites que, sabían, iban a ser más complicados de lo habitual porque ella es extranjera (comunitaria; no quiero imaginar la situación para alguien de fuera de la UE). Además, cosas del siglo XXI, ambos residen fuera, de modo que aprovecharon cada una de sus visitas a El Puerto para informarse directamente con los funcionarios del juzgado; y encargaron a sus familias que acudieran otras tantas veces para resolver sus dudas sobre las pobres instrucciones que habían recibido -en un papel fotocopiado, con faltas de ortografía-. Enviaron copia de la documentación por adelantado, para contrastar que era la correcta, para no tener un pero cuando fueran a entregar los originales.

Esfuerzo en vano. Llegado el día, lo que para un funcionario era válido, para otro no. Donde las instrucciones exigen un certificado O el equivalente, hay quien interpreta que son imprescindibles uno Y otro. Un documento plurilingüe puede resultar legal el lunes, y papel mojado el miércoles.

Si llamativo resulta que un trámite administrativo quede al arbitrio del empleado de turno, más lo es la falta de empatía de quienes están para servir a la ciudadanía, y que ante la desesperación de los afectados solo acertaron a decir: "¿Y por qué no os casáis en el extranjero?".

Como en toda tvmovie, esta historia tiene final feliz. "En el extranjero", efectivamente, todo ha resultado más sencillo. No habrá "sí, quiero", pero escucharemos "ja, ik wil".

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