Hombres de placer

21 de enero 2026 - 06:00

En la época de Cervantes, eran famosos los enanos, los locos y los hombres de placer. Influencers de entonces los llamados hombres de placer y mujeres de placer, que también existían, eran los equivalentes al gracioso, hombre o mujer, divertidos. Quien se propuso investigar y perseguir las ocurrencias de estos locos fue José Moreno Villa, poeta de la generación del 27, historiador en el exilio por la horrible contienda civil, que halló un singular panorama cuando investigaba los archivos del Palacio Real, llamado Nacional, durante la contienda, del que fue director.

Leyendo la cantidad de bufones, enanos, enanas, locos, locas, negros y seres malformados, que acompañaban sobre todo a los Reyes y Reinas, como una ley de los contrastes y, concretamente, en las dos figuras creadas por Cervantes, cabe preguntarse si es fortuito que una de ellas, la principal, sea de un loco alto y delgado y la otra de un rústico simple, gordo y bajo. ¿Es esto casual o es un influjo de la Corte? ¿Gordofobia eterna? En ellas pueden verse tan pronto al señor con su lacayo junto al loco y el enano. En el Quijote seguiremos teniendo una cantera de interpretaciones; no quisiera yo que la mía resultase descabellada, cuando se dan escenas bufonescas a lo largo del libro. El Ilustrísimo Sr. Catedrático de la Universidad de Navarra, Don Carlos Mata Induráin, en su cervantino blog "ínsula Barañaria" destacaba la ironía extrema de Cervantes, que enfrenta a un loco bufón con un hidalgo loco. Podemos constatar que don Quijote sufre aquí una violencia ridícula y carnavalesca: el susto del bufón le hace caer al suelo junto con Rocinante, y la caída lo deja harto más maltrecho de lo que él quisiera.” Ironía extrema de Cervantes, que, insisto tras crear a un loco y un gordo, destaca su asaz ironía, pues en él se da de lleno el concepto puro de ironía, partiendo del vocablo ironía —hironia o hyronia— como derivado de la palabra griega iron —ειρων— y onoma —ό ̉νομα—, que significan opuesto y término respectivamente.

Aunque Monique Joly, piense en la distinción que se establece entre lo que parece propio de un bufón e impropio, en cambio, de un caballero, la verdad, insisto es que Cervantes se burla en el Quijote de cualquier lector, investigador o quijotista, sea quien sea y en el siglo que sea.

El gracioso es siempre algo más tosco, ha de verse como un producto de la época y derivado de la moda cortesana. Siendo esto así, hay que ver también a Sancho Panza como hombre de placer. Don Quijote podrá tenerle por escudero, pero Cervantes lo formó para divertir al lector. Es uno de tantos simples que hacen reír con sus simplezas. La inversión carnavalesca de nuevo. Un simple, sin estudios, gobernando una ínsula. Recordemos lo que escribe Cervantes en el capítulo uno. "Es, pues, de saber que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso —que eran los más del año—, se daba a leer libros de caballerías, con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza y aun la administración de su hacienda" contra los cuales parece que, ab initio, pergeñó la novela. Y los "hombres de placer" están en las cortes europeas, como una continuación de las costumbres de la antigüedad, la influencia de las Cruzadas por la frecuencia con la que aparecían estos personajes en los libros de caballería.

Y en esa inversión de valores, además de la risa consecuente, se cumple un dictus del Arcipreste: Villano en mulo, no conoce ni Dios, ni mundo.

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