Análisis

Daniel López Marijuán

La energía eólica marina que el Mediterráneo andaluz debe aprovechar

El autor defiende la construcción de aerogeneradores no anclados al suelo marino

Molinos de energía eólica marina.
Molinos de energía eólica marina. / Freepik

10 de marzo 2026 - 10:56

Se anuncia la primera subasta para implantar la energía eólica marina en nuestro país, con un cuestionario que el Ministerio para la Transición Ecológica somete a consulta, de forma que se evalúen los mejores criterios para desarrollar los 2 GW previstos en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), para 2030. Al mismo tiempo, subsisten los recelos y rechazos sociales que ya motivaron el abandono del proyecto Mar de Trafalgar en las costas de Barbate. Para evitar especulaciones y proyectos fallidos, las cinco grandes organizaciones ecologistas del llamado G5 (Greenpeace, Amigos de la Tierra, SEO, Ecologistas en Acción y WWF), hemos sugerido al Ministerio que los aspectos ambientales y sociales sean los principales criterios en las subastas (50 % y 25 % respectivamente) y que se cree un fondo público para el desarrollo socioeconómico local, alimentado por un canon a la generación de cada proyecto.

También solicitábamos que hubiera una Evaluación Ambiental Estratégica (EAE) para cada Zonas de Alto Potencial para el desarrollo de Energía Marina (ZAPER), sin limitar la EAE a los POEM,; Planes de Ordenación del Espacio Marítimo. Por eso es tan importante que, en esta fase inicial, se centren las subastas únicamente en una o dos ZAPER. Esta estrategia permitiría realizar un análisis detenido y minucioso en estas áreas, abordando los posibles impactos negativos tanto ambientales como sociales y seguir acelerando la ampliación de la red de espacios marinos protegidos para cubrir el 30 % de las aguas nacionales para 2030. Y una de estas zonas puede estar en la costa mediterránea andaluza.

Son varios los proyectos de eólica flotante presentados en Andalucía, los de Neptuno de 1.005 MW, Nao Victoria de 1.000 MW, Mileto de 612 MW, todos en Málaga, La Pinta en Almería, de 990 MW, Albaicín de 510 MW en Granada, y Alwind en Almería de 300 MW. La costa atlántica y el Estrecho están descartados por sus valores ambientales o por afecciones de distinta índole. Los puertos de Algeciras, Málaga y Motril podrían servir de logística de construcción y operación de los parques eólicos. La vocación de los puertos del Estado no puede ser prioritariamente la exportadora, sino la de servir de infraestructura logística para que las coostas españolas sirvan de soporte para los primeros parques eólicos marinos.

Construir aerogeneradores flotantes, no anclados al suelo marino, es la oportunidad de salvar el hándicap de contar en nuestro territorio con una plataforma continental muy estrecha, que no permite implantar parques fijos a más de 50 metros de profundidad. España es el primer desarrollador de prototipos del mundo; al igual que en la energía eólica, y a diferencia de la fotovoltaica, toda la cadena de valor es autóctona, sin hipotecas tecnológicas foráneas.

La energía eólica, junto a la solar fotovoltaica, contribuyen a rebajar el precio de la electricidad; la eólica marina, aun siendo más cara que la terrestre, es mucho más eficiente, puesto que en el mar no hay irregularidades. Y lo más importante: disponer de parques eólicos en nuestras costas, bien diseñados y sostenibles, contribuiría a reducir nuestra dependencia de combustibles fósiles (sometidos ahora mismo a una subida incontrolable a raíz de la agresión militar de Israel y EEUU a Irán), y con ello reducir la emisión de gases de efecto invernadero, potenciando las economías locales.

Es un desafío enorme para España, cuando disponemos del recurso (el viento), la tecnología (los aerogeneradores), el emplazamiento (el borde costero y los puertos) y la capacitación (industria eólica y construcción naval), un privilegio que nos asegura un futuro de independencia energética, de importancia capital. En lo tecnológico, debe primar en toda la cadena de valor el empleo de tecnologías y servicios autóctonos, usando los puertos cercanos para su fabricación, operación y logística. En lo laboral, la creación de empleo próximo y de calidad, es del todo exigible.

Hay que promover la coubicación de la energía eólica marina con otros usos del mar (como el turismo, la acuicultura, etc.) cuando sea factible, para optimizar el uso del espacio marítimo, y aplicar el principio de precaución para mantener el impacto colectivo de todas las actividades marinas en niveles que aseguren la preservación de los ecosistemas marinos. Esto implica tomar decisiones preventivas frente al riesgo y realizar evaluaciones independientes del impacto ambiental, social y económico de los proyectos. Integrar los proyectos de energía renovable marina con sectores de la economía azul, como el transporte marítimo y la acuicultura, sería también otro requisito deseable.

Hay que crear marcos para que los beneficios comunitarios permitan a las comunidades locales compartir los dividendos económicos derivados de los proyectos de eólica marina.

También hay que promover el empleo y la participación local, de forma que los gobiernos y los promotores apliquen políticas que prioricen las oportunidades de empleo local y que involucren a las empresas locales en los proyectos de energía eólica marina.

Ligar los parques eólicos con soluciones de almacenamiento es otra alternativa a contemplar. Por ejemplo, con almacenamiento de H2 verde, que incluso podría independizar el parque eólico de la conexión con la red eléctrica. Falta un marco normativo, regulatorio y de mercado que lo respalde, de forma que se supere el desafío de una energía intermitente suministrada a la red eléctrica, un problema para la estabilidad y el funcionamiento de la red. Desarrollar una oferta educativa ligada las necesidades del mercado laboral, promoviendo programas de capacitación y reciclaje profesional (especialmente en las PYME) y mejorando la comunicación y la cooperación entre el mundo académico y la industria, son también desafíos a cubrir, con implicaciónde las ONG, la industria local y la industria de la cadena de suministro.

Disponemos de una tecnología nacional que permite: Instalar aerogeneradores en zonas de recurso óptimo; reducir costes de fabricación, instalación y operación y mantenimiento, gracias a un sistema modular, fabricable en puerto y sin necesidad de grandes buques; integrar actividades complementarias (acuicultura, biodiversidad, desalación), que generarían ingresos adicionales, y crear un arrecife artificial de alta productividad, convirtiendo la instalación en un efecto ecológico positivo.

Y, por supuesto, garantizando los proyectos el respeto a la Estrategia de Conservación de Biodiversidad europea, la Directiva Hábitats, la Directiva Aves, la Directiva marco de la Estrategia Marina, la protección de la Red Natura 2000 y en general todos los espacios marinos protegidos.

Todos necesitamos energía, es una necesidad estratégica y por tanto todos somos responsables de buscar soluciones para el futuro. Un debate ciudadano sereno, documentado y participativo, que evite posiciones “no en mi patio trasero” (es decir, “sí” a la solución de la energía, pero “no” cerca de donde uno reside), es lo que necesitamos. Es difícil, pero necesario, promover simultáneamente el ahorro de energía y llevar a cabo un despliegue ordenado que asegure el consenso con todos los actores y usuarios del territorio, beneficiando a las poblaciones locales y protegiendo la biodiversidad marina.

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