Análisis

José antonio lópez

El fútbol siempre avisa

Los responsables del club seguro que saben que el fútbol ha avisado: hay que elevar la calidad

Una de las pancartas que el pasado fin de semana desplegaron los aficionados del Alavés rezaba así: "Nacimos para sufrir, no para arrastranos". La sentencia supone toda una declaración de intenciones de un equipo, en este caso de sus seguidores, que se reconoce modesto pese a que en su historia futbolística haya páginas gloriosas (su apodo, por cierto) como aquella final de la UEFA de 2001 frente al Liverpool que los vascos disputaron bravamente hasta perder 5-4. La pancarta, claro está, era fundamentalmente una crítica al desarrollo de una temporada que ha acabado en descenso y que no ha sido, probablemente, más que un reflejo de esos últimos años en los que el Alavés ejerció casi de submarino amarillo, a imagen y semejanza de aquel vetusto Cádiz que coqueteaba con caer año tras año a Segunda y que se salvaba con épica: hasta que la épica cambió de bando. Porque el fútbol siempre avisa.

Es como el cántaro del sabio refranero hispano, el que va tanto a la fuente que acaba por resquebrajarse en una de sus idas y venidas porque la fragilidad de sus componentes precisa de un cambio o de una reparación que casi nunca llega a tiempo. Así descendió aquel Cádiz de las nueve temporadas consecutivas en Primera, después de agónicas permanencias y sin que la directiva de entonces diera con la tecla de la renovación de una plantilla tan exprimida que no solo dio con sus huesos en Segunda, sino que cayó consecutivamente a un precipicio que ha marcado, para mal, la historia de las últimas décadas del club amarillo, convertido en un submarino sin capacidad de emerger desde la Segunda B.

El fútbol avisó entonces, como en estos últimos años avisó al Alavés, al Eibar (demasiados años en el alambre) o, incluso, al Levante, que el año pasado camufló su pésima segunda vuelta con una valiosa semifinal de Copa que no hizo sino ocultar la necesidad de renovar una excelente plantilla que, sin embargo, ya daba síntomas de agotamiento. El dicho de renovarse o morir es la clave. Y lo difícil no es hacerlo, sino darse cuenta de cuándo hay que apretar la tecla, la siempre refrescante F5.

En aquel Cádiz de Irigoyen, acostumbrado a caminar en el alambre sin red protectora, se intentó varias veces dar un salto de calidad que permitiera al equipo sobrevivir en Primera sin sobresaltos y sin agarrarse a las taquicárdicas últimas jornadas. Pocas veces se logró: Espárrago fue el mejor ejemplo de mezclar un entrenador nuevo, sinónimo de ambición, con algunos fichajes claves realizados desde una dirección deportiva bien preparada con Ramón Tejada al frente. Pero aquello no tuvo continuidad y el Cádiz se acostumbró a asomarse continuamente al abismo.

Y no porque Irigoyen no lo intentara. Fueron los años en los que trató de convencer, sin éxito, a Luis Aragonés. O en los que se fichó a un entrenador como Héctor Veira, capaz de aplicar en el campo un fútbol de muchos quilates (hubo un Cádiz-Oviedo sublime o una primera parte en el Bernabeu de ensueño) que, sin embargo, acabó con su destitución para permitir que Ramón Blanco y sus cachorros del Cádiz B, con Kiko como máximo exponente, entraran en la historia del club con la remontada ante el Zaragoza y la emocionante eliminatoria frente al Málaga. El Cádiz, en muchos tramos de la temporada, jugó como nunca y se salvó como siempre.

Ahora, tras la inesperada por plácida salvación del pasado año y la increíble remontada de esta temporada (con un nivel de liga, no nos engañemos, mínimo: el Cádiz ha terminado a tres puntos del puesto 12), los responsables del club han de saber, seguro que lo saben, que el fútbol ha lanzado su primer aviso: es preciso elevar el nivel de calidad de la plantilla. No siempre, como ocurrió el pasado año, la salvación llega con un puñado de jugadores hoy repartidos en clubes de Segunda. Ni siempre las carambolas, como en esta última semana, van a jugar a favor del equipo.

El fútbol no es una ciencia. Afortunadamente, porque en caso contrario sería aburrido saber qué va a pasar con solo aplicar una inefable fórmula. El fútbol es un deporte repleto de variables, donde despejar mal una equis puede convertirse en un gol en propia meta y donde nada, ni siquiera los mejores fichajes a priori, garantiza el éxito.

Nadie mejor que los responsables del Cádiz, cuerpo técnico y directivos, saben qué necesita el equipo, pese a que cada aficionado tenga en lo más dentro de sí alma de director deportivo y sepa con los ojos cerrados, y sin conocer el mercado, qué hay que fichar. Hay que buscar ese salto de calidad que evite sustos sabiendo que en fútbol no garantiza nada gastarse mucho dinero, sino emplearlo bien. El aviso, en todo caso, está dado. Que de sufrir a arrastrarse hay medio paso.

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