Alerta sanitaria Salud retira por listeriosis una morcilla elaborada y distribuida en la provincia de Cádiz

Te engañaron. Os dijeron que erais la generación más preparada y que viviríais mejor que vuestros padres.

Te mintieron al decir que si te esforzabas y sacrificabas durante la juventud, se abriría ante ti un camino de rosas en el futuro.

¿Y qué tienes ahora? Desde luego, futuro no. Como mucho, sueños rotos durante horas y horas ante la caja de un supermercado, repartiendo pizzas en bici o cuidando ancianos. Curros de mierda con sueldos de mierda.

Alguien te engañó. Igual es ese que paga sueldos de mierda. Que duerme tranquilo porque sabe que siempre habrá alguien que hará por menos dinero ese curro de mierda. O acaso eran aquellos políticos que prometían el oro y el moro, mientras se piraban por una puerta giratoria, y que también reposan tranquilos en los mullidos sillones de grandes empresas y bancos.

¿Quién fue? Como en el juego infantil: este te lo prometió, este te engañó, este lo robó, este se lo llevó a Suiza… y este se lo comió. Y a ti te dejó cabreado sin saber con quién pagarlo.

Pero no sólo a los jóvenes, a ti también te engañaron. Te convencieron de que, con un sueldo de 1.100 euros, eras clase media. Y ahora tienes una hipoteca de por vida, como quien tiene una joroba, la letra eterna del Audi, las vacaciones a Cancún y la comunión de la niña. ¿Cómo creías que se pagaba todo eso? ¿Te lo digo? Como exige su deuda el usurero Shylock en 'El mercader de Venecia': con carne de tu cuerpo.

Mientras, tú pasabas de todo y decías que los políticos eran todos unos sinvergüenzas. Pero votabas a los más sinvergüenzas. Tú a lo tuyo, la TV plasma, el iPhone último modelo y en invierno a ver la casa de Papá Noel en Finlandia.

Y cuando vinieron mal dadas, te dijeron que era culpa tuya por vivir por encima de tus posibilidades. Igual no te dabas cuenta de que las leyes no te protegían de ellos, sino que los protegían a ellos de ti. Que no necesitabas su permiso para ejercer derechos. Y que la corrupción seguía siendo corrupción, pero había cambiado de nombre.

Así que ya hoy la libertad es salir de cañas, el granuja parece un triunfador y la decencia es cosa de pringaos. Engañar es fácil. Y más al que no sabe.

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