Detrás de Baltasar

08 de enero 2026 - 07:00

Resacosos de los excesos de estas fechas, con el árbol a punto de desmontar, el Belén esperando a la Candelaria y los regalos de Reyes aún por medio, ponemos fin a unas Navidades que, para cada uno, habrán sido especiales y particulares por algo.

Mientras veíamos los cohetes de nuestra cabalgata, estupenda, por cierto, una amiga con la que nos encontrábamos soltó una de esas frases inesperadas que a mí me sacuden la cabeza y me obligan a echar el freno. Delante teníamos a un grupo de niños, nerviosos, como no podía ser de otra forma, cantando villancicos. De pronto ella dijo: “Oídlos bien, porque quizá sean los últimos villancicos que escuchéis este año”.

Yo, que siempre voy, medio en serio medio en guasa, pensando más en lo que viene que en lo que estoy viviendo, pensé en la cantidad de cosas que se nos escapan de la vida sin saborearlas, sin ser conscientes de que es la última vez.

Esa misma noche vi, mientras hacía tiempo, el estado de WhatsApp de un amigo de esos que te regala la Virgen. Subía una foto de su hijo escribiendo la carta a los Reyes Magos y vaticinaba que sería la última que redactaría con esa inocencia que nos viene de serie al nacer y que la vida se encarga de arrebatarnos poco a poco.

Yo, que siempre vi, permítanme la ironía, que detrás de Baltasar venía una Cruz de Guía o que ya empezaban a sonar los primeros punteos de un pasodoble de Carnaval, volví a darme cuenta de lo poco capaces que somos de vivir y saborear el presente.

Y no piensen que no deseo que llegue todo eso; al contrario. Simplemente quiero decirte que, si te pasa como a mí y vives más pensando en lo que viene que en lo que vives, puede que no estés disfrutando las cosas en plenitud.

Ahora que toca recoger en las cajas la Navidad hasta dentro de once meses, pienso hacerlo con el mismo ritual e ilusión con que se montó. Porque no guardamos solo algo material, guardamos la magia creada en casa aquel pasado puente de la Inmaculada.

Eso sí, como detrás de Baltasar viene lo que viene, desmontamos con un poco de incienso, una buena marcha de palio y algún pasodoble de vez en cuando. No tengo remedio.

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