Análisis

José pettenghi

Esta casa es una ruina

No permita dió que se hunda el PP. ¡Si es un filón para los articulistas! Es que te pones a escribir sobre, un poné, la inevitabilidad del destino o sobre las tablas pruténicas y es imposible: te arrastran las peripecias del Partido Popular.

Que no sería tan popular, cuando de 850.000 militantes se han quedado en apenas 58.000 votantes. Aunque este censo menguante se puede explicar en diferido, efectivamente en forma de simulación, ya sabes… ¿Lo ves? Ya estoy con eso, y es que las primarias del PP son un chollo.

La campaña de los candidatos, muy entretenida: su trivialidad ideológica y lo insustancial de los argumentos, como en la elección de delegado de clase de un colegio concertado. Muy amateur. Todo el debate reducido a pellizquitos de monja entre ellos: A odia a B, B no traga a C, C detesta a B pero no quiere que gane A, y así.

Les pasa por ponerse demócratas. Como no hay costumbre, pasa lo que pasa: los candidatos, como atolondrados pollos sin cabeza, van a sitios que jamás hubieran pisado a no ser por el incordio este de las primarias. Vestidos con ropillas que ellos creen moderniquis para 'conectar' con la gente. Un candidato se sinceró: "Estamos bordeando el ridículo".

Sin embargo, eso es más divertido que sus viejunos eslóganes o la popular trilogía SeTeVe (Separatismo + Terrorismo + Venezuela) con la que amedrentan a la gente con deficiente formación, por decirlo de forma generosa. Consignas con un tufillo a casa-cuartel y a sopa de convento que tira para atrás. De camino, alertan del peligro co-mu-nis-ta y judeomasónico. Que no falte de ná.

La fecundación cruzada entre el neoliberalismo económico y el conservadurismo moral parió esta criatura que lleva caminando hacia el centro político desde hace más de 40 años, y que aún no ha llegado. ¿De dónde venía, pordió? Y para qué hablar de la votación. Interesantísima. No, no hubo urnas "B", que era lo propio, pero se votó sin sobre. Ya ves, se vota sin sobres y se roba con sobres. Paradojas de la vida.

A todo esto, casi embargan la sede popular de Cádiz. ¡Que alguien ayude a estos desventurados a pagar la casa!

Continuará.

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