La Cabalgata de Reyes de Cádiz necesita una repensada

La organización haría bien en revisar el horario, demasiado tardío, y el recorrido, que podría abrirse a barriadas de extramuros o regresar al centro

La celebración del 5 de enero tiene que ser menos ‘funcionarial’

Una de las atracciones no muy navideñas de la Cabalgata de Reyes de Cádiz 2026.
Una de las atracciones no muy navideñas de la Cabalgata de Reyes de Cádiz 2026. / Lourdes de Vicente

08 de enero 2026 - 07:00

La Cabalgata de Reyes es uno de los eventos más importantes del año. Parece que no, que es una celebración sin importancia o sin relevancia; pero lo es. Si la organización no anda fina con el cortejo que acompaña a Sus Majestades, se puede encontrar un serio problema e incluso hacer el ridículo nacional, como ya hizo Cádiz, de hecho, no hace muchos años. En estos últimos años se puede decir que la celebración del 5 de enero va logrando el aprobado, pero quizás haya llegado la ahora de darle un nuevo enfoque tanto a la cabalgata como a la jornada de Reyes en sí.

En lo que a la cabalgata se refiere, una de las cuestiones que debería abordar la organización de cara al futuro es la del recorrido. Utilizar únicamente algo más de media Avenida (desde la Glorieta Ana Orantes hasta las Puertas de Tierra) y la Cuesta de las Calesas como itinerario de la Cabalgata deja una cierta sensación de orfandad en el resto de la ciudad. Una de las cuestiones que nunca ha explorado esta celebración del 5 de enero es la de abrirse a las barriadas de extramuros. ¿Por qué no una cabalgata que pase por Puntales, por Loreto o por la Barriada de la Paz? En el lado contrario, está la zona del casco histórico, que pasó de ser epicentro del cortejo real a quedarse fuera de la celebración desde hace muchos años.

Esta cuestión del itinerario iría conectada de forma directa con el horario. Y es que siendo una fiesta ideada y celebrada por y para los más pequeños -principalmente, aunque los adultos y las personas mayores también disfruten como niños ese día- el inicio de la cabalgata se antoja un tanto tarde (las 17.30 horas este año, sobre todo teniendo en cuenta que el saludo desde el balcón se hace ahora por la noche y no al mediodía, donde quizás encajaba mejor para el público infantil), así como corto en su duración (tres horas de cabalgata, hasta llegar a la Plaza de San Juan de Dios). ¿Por qué no una cabalgata más tempranera y que emplee algo más de tiempo, visitando así más barrios y puntos de la ciudad?

A la cabalgata de Reyes parece faltarle algo de calor (y no por las temperaturas que hacía este 5 de enero), más personalidad (¿por qué insiste el Ayuntamiento, por ejemplo, en incluir esos hinchables de dinosaurios un año tras otro?), un poco de cariño de la ciudad, que se demuestre tanto en el cortejo (¿no hay instituciones ni entidades que quieran participar con carrozas o con otros elementos? ¿No hay grupos y asociaciones, o colegios, que se apunten a integrar el cortejo?) como en la calle. La cabalgata no tiene ningún punto especial durante el recorrido, no se hace nada al paso de las carrozas en ningún momento, no hay nada especialmente concebido, decorado, preparado o dirigido a festejar el tránsito de Sus Majestades. Y eso se hace desde la participación ciudadana y con trabajo previo.

A la cabalgata de Reyes le falta, por tanto, una cabeza pensante, un director de cabalgata; o una comisión que estudie, programe, proyecte, discuta, analice… durante todo un año qué hacer y cómo hacerlo el 5 de enero. Quizás así llegarían propuestas nuevas (como la que sí ha tenido lugar este año de incluir a cuatro bandas, y las cuatro de la ciudad, en el cortejo) que sirvan para redondear una Navidad que ciertamente ha mejorado en su presentación y en su celebración tras la llegada del actual gobierno.

Y lo mismo habría que extrapolar a la jornada de Reyes en sí. Quizás conviene revisar la fórmula que comenzó muchos años atrás y que hoy en día no tiene mucho sentido o explicación. Visitas un tanto injustificadas que cargan una agenda concebida para unos pocos, siendo un día tan especial para prácticamente toda la ciudad; y ausencias de otros actos y signos que servirían para enriquecer y fomentar eso que se busca con Melchor, Gaspar y Baltasar. Y sus ayudantes, claro.

No se trata ahora de ver qué hacen otras ciudades para intentar copiar, sino de actualizar la agenda real de los últimos años con nuevas iniciativas que den otro enfoque a la celebración y que dignifiquen aún más el modo en que la ciudad recibe a Sus Majestades de Oriente. Y, con ello, buscar una celebración del 5 de enero (y días previos) menos ‘funcionarial’ y más asentada en el calor de la ciudad y en la participación más activa de sus gentes.

Y ya en otra ocasión habría que hablar de cómo se vienen eligiendo a las personas que encarnan esas figuras...

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