El mismo barco

17 de diciembre 2025 - 07:00

Llegamos a un punto en el que olvidamos que, nos guste o no, estamos en el mismo barco, en alta mar, y sin opciones, reales, de abandonarlo, por ahora. Dicho esto, el barco, metafórico, se extrapola desde la gran nave que abarca a toda la humanidad conocida, hasta las naves mas pequeñas que se integran por la unidad familiar. Para centrarnos un poco, nos quedamos con una nave que se llama Puerto de Santa María, en la que, nos guste o no, vamos todos los habitantes de esta maravillosa ciudad. Como resulta que estamos en democracia, cada cierto tiempo se elige a un capitán y su tripulación, se designan igualmente a una serie de asesores que, elegidos igualmente, se encargan de vigilar la labor de quienes han sido elegidos para manejar la nave durante un tiempo, y formando parte de esa tripulación. Este sistema tiene como objetivo primordial mantener la nave a flote y procurar el bienestar de los pasajeros, y como es natural, siendo elegidos por mayoría, las directrices van encaminadas a, sin dejar a nadie en tierra, hacer las cosas de una determinada manera, con su aciertos y errores. Lo que se pensaba que era un sistema bastante aceptable, resulta que al final es un fiasco. Lo normal es que quien ve frustrado su objetivo y no obtiene la Capitanía y por ende, el gobierno del barco se dedica a sabotear a la tripulación, intentando por todos los medios socavar la autoridad, provocar un motín, soliviantar a los pasajeros, y a ser posible, dejar clara la ineptitud del comandante, haciendo que el barco encalle, o mejor, se hunda. A mal puerto llegaremos si no cambiamos de actitud, si no somos capaces de aceptar que la mayoría decida un tipo de rumbo. Mal acabaremos si, en minoría, nos revelamos para imponer nuestro criterio porque somos tan soberbios que consideramos que todos los que nos rodean son imbéciles. Mucha agua hará la embarcación llena de ratas que estropeen los víveres, se coman las cuerdas y nos dejen sin velas. A veces, con suerte, son cuatro gatos los elementos subversivos que sabotean la nave, lo cual suele ocurrir cuando hay mayoría absoluta entre la tripulación, y aun así, el problema sigue latente. El objetivo, mande quien mande, es el mismo, navegar, mantener a los pasajeros seguros y atendidos, aunque a veces a alguno el menú no les guste. El día en que todos entendamos esto, quizás vivíamos un poco menos polarizados.

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