Los porteños somos unos linces identificando síntomas cada vez que callejeamos por nuestro pueblo tanto de lo que se percibe a simple vista, como de lo que no se ve pero que estuvo, y que ya no está. Las redes sociales a través de los aficionados a la fotografía nos descubren de vez en vez rincones, casas y alamedas que han ido desapareciendo poco a poco delante de nuestras impertérritas caminatas de ávidas pero asustadizas miradas, llenas de indiferencia y de vestigios que arrugadamente casi siempre subjetivamos cuando el remedio ya no es posible.

Los que tienen a bien visitarnos en cualquier época del año, ya sean porteños en la diáspora o turistas ávidos de impregnarse de lo nuestro, son los mejores espectadores para detectar y pulsar cada cierto tiempo cómo nos van las cosas en función de lo que ven y de lo que escuchan en nuestras calles, en nuestros monumentos visitables y en los que no, en nuestros bares y terrazas y en nuestros medios de comunicación locales, que indefectiblemente deben, o deberían pulsar la realidad de nuestro día a día alejándose de las propagandas interesadas. Sus miradas se convierten en 'signos objetivos' que nos dan medida de la entelequia en la que vivimos inmersos, pero de la que no somos capaces de sacar cabeza y revolvernos para dar un cambio radical a los indicios de decadencia y conformismo que van apareciendo a la vuelta de cada esquina. Y esquinas en El Puerto hay muchas. Hasta siete he contado yo.

'El barco encallado se eterniza en La Puntilla', titulaba Diario de Cádiz hace unos días recordándonos que va para un año que un velero encalló en la más familiar de nuestras playas, que pasó parte de la primavera, el verano enterito, el otoño, el 'veroño' y lo que va de invierno en la misma orilla donde encalló, y que ahí sigue como queriendo acompañar casi en la misma ribera a los restos de nuestra más entrañable enseña turística, que con sus cuadernas al aire clama a quien quiera oírle que él mismo es signo de esa decadencia que otros ven y nosotros no somos capaces de atisbar ni por asomo. Los brindis al sol con vistas a mayo cada vez son menos creíbles.

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