Me lo envió por WhatsApp y yo le contesté que debía ser una inocentada. Se trataba de un ejemplar del BOE fácilmente editable en PDF por cualquier adolescente con ínfulas de Youtuber. Busqué la fecha -29 de diciembre- y alguna pista de falsificación. Abrí el navegador y tecleé "Pablo Iglesias BOE" y se extendieron ante mí varias noticias reflejando lo que mi padre me había enviado por mensajería instantánea y yo pensaba que era una broma. Al antiguo líder de Podemos y ex vicepresidente del Gobierno le ha sido concedida -junto a otros muchos ex ministros- la Gran Cruz de la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III por los servicios prestados a la nación y a la Corona.

Volaron a mi mente los recuerdos de Pablemos dando la mano al rey al recibir una beca universitaria, y posteriormente, ya en primera línea de la política patria, regalándole al monarca un pack de la serie Juego de tronos. Aquello fue algo así como decirle que si pudiera le cortaría la cabeza como a Ned Stark, pero en educado.

Iglesias es un tipo taimado e inteligente así que a buen seguro estará valorando las únicas dos opciones existentes: aceptar o no el honor. Que un autoproclamado neocomunista republicano reciba una joya honorífica por haber servido bien a la Corona manda cojones, la verdad. Quizá la rechace. Es lo que alguien que valora su propia dignidad haría. He ahí la trampa, la afrenta. Es lo contrario al win-win (o sea, un lose-lose): haga lo que haga, Iglesias la caga (y Sánchez sonríe). Dicho lo cual, pienso que merece la Gran Cruz, no así Maxim Huertas.

La mente humana es intrincada. Con motivo de este episodio tan simpático asocié a Pablo regalándole la serie a Felipe VI y me pregunté: ¿por qué no le regaló Canción de hielo y fuego, de JRR Martin? Supongo que eso hubiera demostrado un cierto aprecio al rey. Reconozco que adoro obsequiar libros a la gente que quiero y me importa. Nada hay más honroso que regalar esa parte de tu alma que es el recuerdo de un libro que te ha enamorado a otra persona. Supongo que los jóvenes, ahora, se darán un abono de temporada para jugar al Fornite o un juego para la Switch, pero en mi época lo suyo era decirle que la querías con un diamante, digo con un libro.

El gurú del baloncesto NBA, el entrenador de los Bulls de Jordan y los Lakers de Bryant, Phil Jackson, regalaba a sus jugadores volúmenes que elegía personalmente para cada uno en función de los aspectos de su vida o su juego que deseaba potenciar o desarrollar. Ello demuestra respeto e inteligencia. Supongo que hay gente que regala libros por cumplir -especialmente si son best-sellers navideños- pero cuando pienso en comprarle un ejemplar a alguien suelo ponerme en su pellejo y trato de adivinar si le gustaría. Pocas cosas hay más satisfactorias para mí que descubrir la expresión en el rostro de la persona que desenvuelve mi regalo con forma de libro y que, adivinan bien, es un libro.

Otra asociación de ideas: ¿le habrá regalado Pedro Sánchez su Manual de resistencia a Iglesias? Supongo que sí. Yo pagaría por leer la dedicatoria del presidente del Gobierno al marido de Irene Montero.

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