Dice Sonia Vivas, concejala de Podemos, que "los hombres con penes pequeños suelen ser más beligerantes. Se debe a que el mandato patriarcal valora mucho el tamaño de los genitales masculinos y asocia esa medida a la idea de potencia y fortaleza. El que no cumple, suple con violencia su carencia".

Como todas las generalizaciones, la afirmación de Vivas hace aguas menores. ¿Quiere decir, por tanto, que los hombres beligerantes calzan pitos liliputienses y que las personas acomodaticias visten falos elefantiásicos? Desconozco si Sonia habla de penes de sangre o de carne, pero hay algo en su alegato que no me acaba de cuadrar: pocos políticos actuales hay más beligerantes que los de su propia formación, procedentes muchos de ellos de las juventudes comunistas y de los movimientos sindicales. Quizá lo haya dicho por Pablo Echenique, que, por cierto, ha protagonizado un nuevo episodio del magacine "¿Qué coño es la UDEF?". (De Gabriel Rufián, ni hablamos).

Los políticos conciliadores, cabales y calladitos empezarán a ser mirados de otra manera por sus compañeras y compañeros, como por ejemplo Salvador Illa, que ha explicado la mayéutica a sus homólogos del Ministerio de Economía y Hacienda, en aras de que se rebaje el IVA de las mascarillas al 4%. Pese a la previsible oposición de los ministros recaudadores, el filósofo Illa ha puesto su demiurgo en lo alto de la mesa del consejo de ministros y ha conseguido convencer a un gobierno progresista de que las quirúrgicas y FPP2 no son artículos de lujo sino de primera necesidad. Manda huevos.

Poco después de su primer tuit, Vivas continuó con su razonamiento: "El mandato patriarcal sobre la masculinidad como potencia se circunscribe al tamaño del falo. Se ve de manera clara en las películas pornográficas. Penes enormes, mejores cuanto más grandes. De esa construcción social, emanan muchas frustraciones masculinas".

¿Cuál será el tamaño fálico de nuestros líderes, siempre frustrados y enojados con el mundo que los rodea? Alguno podría encontrar trabajo en la industria del porno y abandonar la política, lo que muchos agradeceríamos, pero no tendremos tanta suerte.

Sonia habla de mandato patriarcal y puede que lleve algo de razón; es como las corbatas rojas de Donald Trump (a quién imagino que Casado y Abascal calificarán de "okupa", como hicieron previamente con Sánchez). Trump utiliza el rojo porque los expertos en comunicación dicen que transmite poder al adversario. Habría que preguntarle a Melania sobre los mandados –digo, mandatos- presidenciales y patriarcales.

El exceso de testosterona aplicado a la política fálica produce monstruos de sambódromo como Bolsonaro, quien ha arengado a su pueblo "a que deje de ser un país de maricas", a que le eche cojones a la vida, vamos; como si los gays fueran precisamente cobardes y asustadizos (He recordado un viejo artículo de Pérez-Reverte que decía algo así como que decirle gays a los homosexuales era una mariconada. ¿Será Arturo beligerante?).

Pues sí, algo de verdad atesora la concejala podemista en sus palabras. Pfizer lleva camino de descubrir los dos principales avances médicos, la vacuna contra el Covid19 y la Viagra. Dicho lo cual, si se las pusieran delante a Bolsonaro o Trump, no sé bien cuál de las dos píldoras escogerían. Los muy maricas.

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