Cuando aún nuestra Basílica desprende olor a nardos, cuando el Omega devocional de nuestro verano pasa, cuando el ritmo de nuestras vidas parece engranar a la perfección con el de las obligaciones, ahora, aunque sea tarde, es hora de espabilar y actuar.

Cuando amas tanto una de nuestras tradiciones y en mi caso se convierte en una forma de vida, eres incapaz de aceptar actitudes y aptitudes de quienes tienen en su mano, la gestión en este caso, de nuestras hermandades.

Veo como días atrás mis paisanos cofrades, se echaban las manos a la cabeza y se rasgaban las vestiduras con los Decretos del Obispo de Córdoba y de Jaén en el que ambos autorizan las procesiones, pero entre otras objeciones, dictan que sin costaleros y sin bandas de música respectivamente.

¿Por qué os rasgáis las vestiduras? ¿Por qué ponéis el grito en el cielo? ¿Por qué incendiáis las redes sociales?

Nuestra Diócesis, desde el 4 de junio, autoriza de manera formal la vuelta al culto público. Tenemos la herramienta perfecta en nuestra ciudad, para demostrar que si sabemos hacer las cosas bien, podemos ser ejemplo a seguir para muchas ciudades y apoyarnos entre todos, demostrando que si queremos, se puede.

¿Y si en vez de tanto comentar en redes y lamentarnos de las circunstancias de otros hermanos, ponemos nuestras cruces de guía en la calle como señal de apoyo y unión?

¡Que nosotros podemos! ¡Sería nuestra forma de protesta! ¡Tenemos potencial!

¿Por qué no se retoman las actividades internas de las hermandades?

¿Estáis algunos ya acomodados esperando unas elecciones?

Por favor, los que tenéis en vuestras manos y en vuestra decisión, la capacidad de hacer que sea como sea, se reactive el culto público, sed valientes, ese será el mayor estreno que le podéis brindar a El Puerto Cofrade en 2022.

Si por el contrario, te sientes ofendido por mis palabras, porque quizás este viendo los toros actualmente desde la barrera, perdona, no fue esa mi intención, pero también te digo, que espero no verte este sábado en Arcos de la Frontera disfrutando de la salida de la Soledad, porque te diré, que realmente no sabes ni donde estás de pie.

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