Análisis

Antonio morillo crespo

Piedras sobre mi tejado

"El respeto y el ambiente constructivo está por encima del capricho de un propietario"

Hoy me van a perdonar ustedes porque voy a tirar piedras sobre nuestro propio tejado. Aunque no son piedras, sino flores. Acaba de salir un libro titulado España Fea. Su autor es Andrés Rubio, periodista y ex jefe de la sección de Cultura de El País. Glosa sobre "el caos urbano, el mayor fracaso de la democracia" Es un estudio largo y concienzudo del urbanismo en España, de toda España, incluidas las islas. Y alaba el buen urbanismo, el respeto a las tradiciones, el escándalo de unas edificaciones que, con la intención de ser sorprendentes, dañan y afean el conjunto del pueblo o la ciudad.

No es meterme donde no me llaman, es que la arquitectura es para mí una bella arte, como lo son la pintura, la literatura o la música. Me encanta la arquitectura y me maravillo cuando veo un buen edificio o un conjunto urbanístico bien conseguido. Mi buen amigo Julio Malo de Molina, ex presidente del Colegio de Arquitectos, me decía con su buen humor que yo era "historicista". Y es que me puede gustar (pero menos) un edificio moderno, pero me chifla un monumento romano o un conjunto urbanístico actual de nuestro solar patrio que sea respetuoso y esté bien conservado.

Al protestarse en Vejer por la fachada del cine recién reformado, un prominente político provincia se preguntó "por qué Vejer no podía tener un Guggenheim". Es, con todo respeto, para mondarse colega.

Y eso es lo que trata el libro citado. Y nos llena de orgullo que, de toda España, destaca como ejemplos tres pueblos: Pedraza en Segovia, Albarracín en Teruel y Vejer de la Frontera en Cádiz. Me caí de espaldas al leerlo. Yo sé que en nuestra misma provincia Setenil, Algar, Olvera, Alcalá... son maravillosos, pero si te citan así, te mareas de satisfacción. Y siempre digo que el éxito de Vejer se debe en primer lugar a nuestras pasadas abuelas y albañiles que siempre estaban con la brocha de cal en la mano; y luego a las enseñanzas y consejos que nos dieron los ilustres catedráticos que nos visitaban en los Cursos de Verano de nuestra UCA.

El respeto y el ambiente constructivo de la población está por encima del capricho de un propietario. Por dentro puede hacer lo que quiera, pero por fuera hay normas y características comunes que hay que respetar. Si seguís el Tour o el Giro, pruebas ciclistas de Francia e Italia, veréis qué respeto y elegancia de innumerables pueblos con esta manera de proceder.

P.D. No se trata de volver al siglo XV, es otra cosa. Es amor a tu simbolismo de cal y almagre, igual que en tierras castellanas a la piedra vista. Es respeto a tu tradición y tus costumbres. Prueba de ello es, por ejemplo, la enorme afluencia este verano de visitantes y más visitantes de todas partes. Y hasta de su rentabilidad pecuniaria en bares, restaurantes y comercios. Pero, sobre todo, a que la arquitectura responde a la idiosincrasia de cada pueblo. Anécdota al canto: un forastero se viene a vivir a este pueblo y va pregonando que para ser perfecto habría que quitar dos cosas, las campanas y las cuestas. Consiguió una firma, la suya. Y se quedó tan pancho.

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