Cádiz necesita con urgencia un defensor del oyente. El alcalde, que tanto gusta proclamar su predilección por los más débiles y desamparados, debería crear la Oficina del Defensor del Oyente del Carnaval.

Y es que el oyente gaditano está sometido a tremendos abusos. Vamos a suponer que usted, en un momento de debilidad, adquiere una entradita para acudir a una de las sesiones del Concurso del Falla. Usted va buscando ingenio, humor y puede que hasta alguna letrilla subida de tono. Pero resulta que se encuentra, por ejemplo, con una chirigota procedente de Sos del Rey Católico.

¿Ante quién puede protestar? Pues lo lógico sería poder acudir al Defensor del Oyente y que la organización le devuelva el dinero.

O que usted, una vez sentado en su butaquita, se encuentre a una comparsa pasada de decibelios. ¿Qué hace usted? Pues en este caso nada, porque todas las comparsa están pasadas de decibelios.

¿Y a qué vienen estas sesudas reflexiones? Se preguntará usted con razón. Pues a que no hay derecho a que se abra todo un Gran Teatro Falla y sus correspondientes taquillas para que en la sesión solamente intervengan cuatro o cinco agrupaciones. Y todas pésimas. El Falla debe estar reservado para espectáculos de calidad.

Y si lo quieren utilizar los carnavaleros, que sea únicamente para la gran final. Que paguen un seguro por si lo estropean y dejen un dinero para desinfectarlo después.

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