Análisis

pascual saturio

¿Obispo de Cádiz o canónigo en Sevilla?

En la edición de Diario de Cádiz del jueves 21 de febrero, y en el Diario de Sevilla de ese mismo día, publicó Rafael Sánchez Sáus una columna en la que, partiendo de un refrán, que dice era muy conocido en la Edad Media -"mejor canónigo en Sevilla que obispo en Cádiz"- vierte una serie de juicios acerca de la diócesis que no dejan de ser primero desconcertantes y desde luego una generalización que raya el insulto y el menosprecio. Mal camino.

Efectivamente, dice de los gaditanos de entonces, que después del traslado de la diócesis desde Medina a Cádiz, ésta era "una de las más pequeñas y pobres de España", con un clero "hirsuto" y unos feligreses arriscados, mitad almogávares y mitad corsarios. Increíble, la verdad.

Pero no queda ahí la cosa. En el XVIII, hablando del obispo Armengual y de su llegada como desterrado de la Corte, vuelve a insistir en que "nunca fue esta sede fácil".

Y de los que ahora la componemos hace un juicio que es ofender por ofender e insultar por insultar, hablando del "extendido acomodamiento de laicos y clérigos a una pastoral deshuesada que se pretendía más evangélica cuanto más rendida al espíritu y formas de ONG y a la corrección política". Y no contento con esta descalificación, para resumir lo que hoy hacemos, dice de nosotros que no vemos más asuntos que "ocuparse de los llegados en pateras ni más horizontes que el que otean desde sus campanarios". Nunca había oído cosa igual.

Llevo en la diócesis de Cádiz y Ceuta treinta años. Es verdad que los religiosos tenemos tarea asignada en donde estemos por nuestro oficio en la Iglesia, pero puedo asegurar y dar fe con conocimiento de primera mano, que me siento tan de la diócesis como dominico y tan dominico como de la diócesis; principalmente por aquellos con los que todos los días convivo y hago camino. Los sacerdotes y los religiosos de esta diócesis somos gente tan normal, como en todas partes; trabajadores fieles en una mies tan abundante que necesita de doble esfuerzo, generosos para ayudarnos y hermanos para acogernos. Herederos de una diócesis que fue evangelizada por los varones apostólicos, regada con la sangre de San Servando y San Germán, amparada por el manto de la Virgen de África y la del Rosario, capaces de lo que se nos pida, cualificados para cualquier tarea y testigos del camino que recorrimos con nuestros pastores, los que nunca nos enseñaron ni a menospreciar a los que vienen en pateras, ni a hacer de esa situación más planteamiento que el de mirarlos como hermanos que llaman a nuestras puertas, atendiéndoles como merecen aunque para ello hayamos tenido que colocar en segundo término otras prioridades.

Creo, y se lo digo con todo el cariño del mundo señor Sánchez Sáus, que debería matizar sus afirmaciones y pedir disculpas porque detrás de ellas estamos las personas. Y ni somos tan incapaces, ni tan levantiscos como usted da a entender.

Me eduqué en Sevilla, conocí a muchos canónigos que fueron mis profesores y formadores, me ordenó de diácono el cardenal Bueno Monreal y de sacerdote mi hermano Fray Carlos Amigo. Le puedo asegurar que los canónigos de Sevilla no nos miran como un castigo ni a esta diócesis la tienen como necesitada de reforma, como si fuéramos conversos de hace dos días o gente que ahora está conociendo a Jesucristo y viviendo su Iglesia. Es muy doloroso su juicio.

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