La nueva normalidad no es más que la nueva realidad tras la pandemia, comentaba un día el historiador griego Epaminondas. Una realidad en la que algunos hábitos del confinamiento continuarán.

En la vida cotidiana es el uso de las mascarillas, por ejemplo, o el de mantener la distancia de seguridad tan difícil de cumplir en algunos lugares. También piensa que aumentará el teletrabajo, con sus ventajas e inconvenientes.

En el fútbol pasa lo mismo y nuevos hábitos permanecerán. Inmersos ahora en una sobredosis de fútbol televisado, para no perderla y con la amenaza de restringir el acceso a los estadios, quizás la televisión entre con más fuerza en las categorías no profesionales del fútbol.

La distancia de seguridad ha obligado a que los jugadores salgan del banquillo y ocupen parte de las gradas. A Epaminondas no le gusta esto porque se ha dado cuenta de que uno de los lugares que ocupan los jugadores suplentes en las gradas es el que él tiene como abonado, y piensa que si él no puede ver el partido desde su sitio, los jugadores tampoco.

En cualquier caso, esa distancia que tienen en el banquillo los jugadores, en el campo no se puede dar y menos cuando celebran un gol… y a ver dónde acaba esa distancia de seguridad cuando se celebre un ascenso.

Otro tema que aborda Epaminondas es el sueldo de los árbitros. Piensa que habría que quitarles el complemento de peligrosidad, ya que sin público (sin insultos ni amenazas en directo) la parte más peligrosa de su trabajo se pierde.

Lo que más le extraña a Epaminondas es el cuarto árbitro. Algo que puede llevarse a cuarto milenio. La cuestión es durante los cambios, ¿para qué se gira mostrando los dorsales de los jugadores que se van a cambiar?, ¿a qué público se lo muestra?

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