Me troncho cuando escucho llamar a algunas chirigotas ilegales. Como si las hubiera legales vaya. Yo las ilegalizaba de por vida, y con pena de excomunión a los carnavaleros capaces de cantar más allá del Miércoles de Ceniza. Mucho presumir de que el Carnaval existe desde la Edad Media pero se pasan por los coloretes la entrada de la Cuaresma. Mientras que en Venecia se han suspendido los festejos de los últimos días por culpa del coronavirus aquí en Cádiz se multiplican las miasmas. Venga besos, venga compartir vasos, venga borrachos cantando, balbuceando lo que ellos llaman repertorios mientras otros borrachos los contemplan con la risa floja de los pecadores. Algunos herejes llegan a tal punto que perpetran sus ocurrencias en las puertas de las iglesias. El mismo Domingo, día del Señor, intentaba entrar en misa de a ocho en el Rosario y una señora disfrazada de Cleopatra se agarraba a los llamadores de la puerta mientras intentaba hilar dos o tres frases seguidas sin éxito. Mi atuendo habitual, mi toca, mi velo, de luto riguroso, les hizo pensar que iba disfrazada y alguno hasta aplaudía el conseguido resultado. ¡Ole las viejas cachondas!, me dijo un gachó con un bombín, tirantes y un bastón que de buena gana le hubiera arrebatado para estrellárselo contra el bombín. Menos mal que ya queda menos. El próximo lunes el Via-Crucis diocesano recorrerá las calles gaditanas para empezar a purificar el ambiente. Kyrie eleison.

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