Análisis

Jose Guillén

A Juan Beltrán Colmenero

Cuando alguien se muere, lo más difícil es ser justo. Con su memoria, pero sobre todo con su vida. Empezamos a verle virtudes ya cuando nos falta. Con Juan no es necesario. Porque en su vida, en su ejemplar caminar por esta vida entre Andújar y Chiclana, Juan dio numerosas muestras de virtudes: sencillo, trabajador, familiar, emprendedor, escasamente egoísta, solidario también. Y una capacidad muy grande de ponerse en la situación de los demás. Esa comprensión del otro siempre fue destacable en su forma de ser. Alguien así deja tras de sí un dolor inmensurable, pero también una infinidad de amigos. Algunos hoy queremos decirle adiós y recordar su vida como ejemplar. Con él es verdad aquello que proclama el filósofo Javier Gomá: "Vive de tal manera que tu muerte sea escandalosamente injusta".

Juan murió el pasado viernes día 7 de junio con 72 años, que nos parecen muy pocos porque era todavía mucho lo que tenía por vivir. Siempre con esa ilusión desbordante, con su sonrisa y su cercanía. Amaba la mar, la luz, la belleza de La Barrosa, de Chiclana y Cádiz en general. La bondad del clima y la valía de la gente. Siempre presumía de ello. Lo hacía en Andújar, ciudad que siempre consideró su tierra natal, aunque nació realmente en 1947 en Torredelcampo. A Chiclana vino, exactamente, hace 42 años, aún en aquel 1977 en el que se iniciaba el desarrollo de La Barrosa. Vino como un veraneante más a la entonces incipiente Urbanización Doña Violeta. Pero ya nunca pudo irse. La Barrosa lo atrapó para siempre. Y era sin duda un chiclanero más.

Chiclana fue su tierra adoptiva, sin duda. Lo que comenzó como un ocasional destino veraniego prosiguió, apenas dos o tres años después, como su segunda residencia. Pero Juan fue un visionario y rápidamente supo captar las posibilidades empresariales que la playa suscitaba como meca turística. Y comenzó a compatibilizar su empleo como director de la sucursal de Caja Granada en Andújar, con la venta y alquiler de propiedades en La Barrosa, cuando todavía no existía ninguna inmobiliaria en la zona. Fue en 1997, cuando funda Beltrán & Bellido, y abre tres oficinas en la Primera Pista, en la Segunda y en el Novo Sancti Petri.

Beltrán & Bellido, no podía ser otro nombre: porque Juan era también el amor por Isabel Mª Bellido, su esposa, siempre a su lado. Dejaron Andújar, ya con la prejubilación de Caja Granada, y se instalaron definitivamente en La Barrosa hace más de veinte años con sus cuatro hijos. Los tres mayores, Jesús, Isa y Juan, son -como su madre- ya también chiclaneros ejemplares, y el pequeño, David, afectado por una parálisis cerebral, fallecido con quince años. A él se dedicaron Juan e Isabel en cuerpo y alma en Doña Violeta, que ha sido desde el primer día su casa chiclanera. Y mucho más. Juan ocupó durante dos años la presidencia de la comunidad de propietarios de Doña Violeta.

Juan deja un legado de hombre extraordinario. Quienes somos sus amigos -nunca dejaremos de serlo- lo queríamos reiterar ahora que se ha ido. Lo era. Lo será. Porque Juan iba sembrando cariño infinito allá por donde pisaba. En Andújar, donde como director de banco le han recordado muchos clientes en los que confió cuando nadie más lo hizo, o con acción solidaridad como fundador de una asociación de niños enfermos con parálisis cerebral en la que colaboró muchísimo. Y también en Chiclana, en donde no solo tuvo la capacidad de ver negocio donde otros no lo supieron vislumbrar, sino porque además tuvo el don de hacerlo con honradez, compromiso, responsabilidad, dedicación, empatía y fidelidad. En esa ceremonia de encuentro de dos intereses contrapuestos, él tenía esa sensibilidad de representar tanto al que vendía como al que compraba.

Y es que Juan no sabía ser de otra manera que ser siempre el mismo: un hombre bueno y ejemplar. Lo era con todos. Lo era en familia, lo era en Andújar y lo fue en Chiclana. Y allí y aquí ha dejado una gran huella, inseparable sin duda de su actividad comercial y empresarial. Andujareño en Andújar y chiclanero en Chiclana, Juan Beltrán Colmenero, descansa en paz, porque ha vivido en paz.

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