Que tenemos ganas de alargar la sensación de vacaciones y verano es un hecho. Que el miedo al coronavirus lo mantenemos a raya para conseguir esa misma sensación de verano, parece que también.

El lunes pasado se leía este titular en el Diario de Cádiz: 'Overbooking' en la Sierra: colas en los bares y colapso en la ruta del Majaceite. No fue el único lugar, quienes pasaron por nuestro centro histórico pudieron comprobar las aglomeraciones, e incluso colas, en las calles Misericordia y Luna como en los mejores momentos de julio y agosto. A mí, que me encanta la calle, pero no los apelotonamientos, me ha apetecido optar por encuentros puntuales con amigos y salidas al aire libre a pie o en bici. Ha sido un lujo, no tengo otra manera de decirlo. Kilómetros y kilómetros de carriles y entornos naturales sin salir apenas del perímetro de El Puerto. En concreto el paseo por el parque Guadalete lo hicimos prácticamente en solitario, sin divisar más que intermitentes grupos de bicicletas. El entorno verde y la vista del agua invitaban al relax y la comunión con la naturaleza. Por eso nos sorprendió tanto que, al asomarnos al mirador y disfrutar de las vistas espectaculares sobre el río y las Salinas, no viéramos otra huella humana que la ya habitual, merenderos vacíos con los (parece que inevitables) atributos del dominguero: botellas de plástico y bolsas abandonadas en las mesas.

Me resulta inconcebible que alguien que busca un paraje natural para su ocio no tenga al menos la empatía suficiente con quienes puedan venir después para dejar el lugar tan limpio como se lo encontró. El mirador, por cierto, está equipado con cubos de basura de colores para facilitar el reciclado. Aún con esto, tengo que decir que mucho peor resultó el rastro humano sobre carriles de interior: sillones, sofás desvencijados, lavadoras inservibles, restos de puertas… enseres todos abandonados sobre caminos y cunetas. En este caso, no parece obra de quien busca la naturaleza, sino de quien ve natural dejar su basura delante de la casa de otro.

Sea como sea, es una muestra más de la falta de civismo y respeto por los espacios comunes. Como otras muchas cosas, se arreglaría con más educación.

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