Análisis

enrique montiel

Héroes

Alfonsito del Bodegón, Lolo y Jesús, y todos los demás, son la Isla que se niega a morir

Alfonsito del Bodegón de Andalucía ha puesto en Facebook un mostrador lleno de pescado de estero palpitante, recién cogido en las piezas isleñas junto al caño de Sancti-Petri. Este hombre no se desalienta porque sabe que ni a eso tiene derecho, varias familias dependen de su ingenio para que no le pase a su negocio como a tantos les está pasando por esta pandemia terrible, que se van cerrando ni se sabe por cuánto tiempo o no se podrán abrir, de nuevo. Así de crudo, como un diagnóstico irreversible.

Muy cerca del Bodegón, este lugar amable de buena y sencilla gastronomía, Jesús, el hijo de Elvira La Gallega, que no conozco a nadie en La Isla que no la quiera ni la admire, acaba de abrir un bar restaurante. Ha dejado la Plazoleta de las Vacas, donde nació tan humildemente La Gallega, para irse a Hornos Púnicos, a un sitio muy digno, muy bien diseñado. Se ha llevado sus secretos, los de su madre, y su trabajo esforzado de siempre, que más trabajador que Jesús y su madre, poca gente. Y también a su clientela fiel y numerosa. Entre la que me encuentro.

Mi amigo Lolo Picardo, tan golpeado por el virus, no se doblega y bulle de ideas y proyectos. Mantener abierta la Venta de Vargas es como un deber religioso para Lolo, como su amor a Andalucía, y La Isla. Y al Flamenco. Pero qué difícil está siendo y qué difícil nos están diciendo que volverá a ser. Pocas veces tan conectados a la España diversa y plural como en estos tiempos de tribulación.

La Venta, El Bodegón, La Gallega son tres nombres que representan el esfuerzo de un sector numeroso y dinámico de San Fernando, un sector que ha sido un colchón de empleo y trabajo para los tiempos difíciles, un grupo de personas entusiastas que han sufrido y han trabajado para seguir en pie, invirtiendo los beneficios en el local, en el negocio. Todos tenemos los nombres de nuestros amigos, el lugar a donde vamos a tomar el café, la tienda del barrio en donde nos gusta comprar, la zapatería que nos pone las tapas nuevas de los zapatos, el puesto de la plaza donde hay pan de pueblo y delicatesen, la pescadería, la frutería.

Bien mirado, hay una tupida red a la que acudimos con nuestros afectos y que nos hace sufrir y ser solidarios con la que les está cayendo. Por eso ver el despliegue de gloria bendita de nuestros esteros en el Bodegón de Andalucía o saber el esfuerzo que ha hecho Jesús, el hijo de Elvira, abriendo un restaurante-bar cuando tantos cierran, y tantos y tantos de nuestra ciudad, es algo que realmente me emociona y aplaudo, aplaudo con todas mis fuerzas. Alfonsito del Bodegón, Lolo y Jesús, y todos los demás, son la Isla que se niega a morir. Unos héroes.

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