Acaban de finalizar las fiestas navideñas y ya estamos en puertas de los primeros actos de Carnaval. Andalucía, cada pueblo y en general en todo el país, se mueve de evento en evento, pasando sin solución de continuidad de una fiesta a otra. Dicen que España es diferente y esa es una de las principales características diferenciales respecto al resto del mundo: el gran número de fiestas de todo tipo que se celebran a lo largo del año y la elevada participación del pueblo y los distintos estamentos sociales y políticos en todas y cada una de ellas. La razón de este fenómeno que singulariza la cultura española hay que buscarla en su larga y prolífica historia. Numerosos pueblos y culturas se han ido sedimentando, en un proceso de asimilación que ha dado lugar a la multiplicación de las celebraciones, algunas de origen pagano, otras heredadas de la cultura agrícola o marinera, otras de tipo religioso... La cultura en España rara vez ha consistido en destruir lo preexistente, sino en asimilación y transformación; de ahí el rico patrimonio histórico, monumental y antropológico que atesora el país. Sólo así se explica tal proliferación de fiestas a lo largo y ancho del calendario. A esto se une un clima propicio, estructurado y marcado por las cuatro estaciones, con los rituales propios de cada uno de ellas, algo que no tienen todos los países. Europa lo entendió desde el primer momento. Por eso en el proceso de construcción de la Unión Europea se asignó a España el sector turístico y de servicios como principal motor económico. Fiestas y turismo forman un tándem indisoluble. Y cualquier intento de romper ese modelo está abocado al fracaso. En los primeros años de la crisis, se habló de eliminar los puentes y hacer que los días festivos coincidieran en viernes o en lunes, suprimiendo así esos acueductos de los que todavía puede disfrutar una parte de la población. Pero la propuesta quedó en agua de borrajas: habría afectado a la demanda interna, al movimiento económico que generan millones de ciudadanos españoles y extranjeros que redistribuyen sus rentas hacia el sector servicios. Además de esta función económica, las fiestas cumplen el papel de aglutinar a la población en torno a unos referentes con los que se identifica en mayor o menor medida. Por eso, en los próximos días, queda ir preparando el disfraz y confiar en una buena afluencia a las próximas fiestas de Carnaval.

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