Última hora Muere Manuel Clavero, el padre de la Andalucía moderna

Albricias! ¡Aleluya! Se encendió el Faro de Trafalgar. Su luz anda ya por los caminos del mar. Las olas de levante se visten de plata y, como decía el poeta, "la luna el mar riela", y aquí el faro riela las crestas y la espuma de las olas. Ha sido además por las Pascuas y, significando quizás un vaticinio, de que la luz nos acompañará este nuevo año, pese a los temporales que se abatan sobre el Océano de nuestras vidas.

Perdonen vuestras mercedes que yo haya tenido esta perra con el Faro. Me imaginaba no a un gran trasatlántico que navega con los últimos alardes de la tecnología, al que no hacen falta los destellos de un Faro de leyenda, sino a un pobre pescador que con su bote sale de madrugada a buscar borriquetes y mojarras y que le sorprende por la Aceitera mar adentro la niebla y sin la ayuda del Faro (la sustitución fue una mariposa o una palmatoria). Y el pobre hombre acordándose de la abuela y de la bisabuela del electricista o del mecánico que, más flojo que una guita, ha tardado mas de tres meses en cambiar los plomos o lo que sea del dichoso Faro.

Y es más, les hago una confidencia. Cuando niños vivíamos en Los Caños de Meca en un cortijito con el techo de paja castañuela y a través de ella por las noches oíamos como las olas del mar mecían la arena y nuestros sueños, mientras los grillos cantaban su amor. Y cuando no había electricidad, solamente brillaban la luz de la lámpara de carburo que mi padre encendía por la noche con una liturgia de mago y la luz fantástica del Faro, como si fueran los destellos de una estrella caída de la Via Láctea que barría la playa, las casitas y el tajo, cubriendo de fantasía las noches. Con estos recuerdos, ¿cómo no me iba a doler que mi Faro estuviera tristemente muerto, apagado?

P/D: Con mis consabidos respetos para todo quisque. Lo que no puede ser es que se tarde tanto en hacer las cosas, cuando hay que hacerlas. Cuentan de Adenauer, antiguo canciller alemán, que encomendó al jardinero de palacio que sembrase olmos en la avenida de la cancillería. Le dijo éste que tardaban mucho en crecer. A lo que Adenauer le respondió: "Pues dese prisa en sembrarlos". Pues eso, lo que hay que hacer, hacedlo ¡pero ya!

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