Análisis

francisco andrés gallardo

Debatibles

Los debates a cuatro serían realmente decisivos si no se parecieran a esos otros debates que empapelan las parrillas. Las palabras y las demagogias se estrujan más que nunca porque en cualquier parte siempre hay un señor opinando, alguien que lanza una idea en las redes con la que arregla el mundo de un puntapié, o un cuñado detallando por la radio su bálsamo de Fierabrás. Siempre hay alguien dispuesto a decir lo que piensa (y nosotros en la disposición a responderle). Hasta en los fines de semana, cuando el sábado era el día televisivo del satén, llegaron experimentos de debate perpetuo como La Sexta Noche para batir la actualidad hasta dejarla licuada de hastío.

En un mundo interconectado tan lleno de opiniones, imposiciones y pareceres los dos debate de los cuatro líderes (sí, debieron ser cinco, para que se delatara Abascal) tenían más de confrontación ordinaria que otra cosa. Y los que tenían menos que perder, los de la derecha, entendieron que para destacar debían ser como los contertulios de todos los días: aparatosos, onomatopéyicos, dolientes, teatreros, efectistas. Claro, así era Pablo Iglesias, el comedido, hace tres años. La táctica con la que creía dar el famoso sorpasso. Dar la nota en los debates lo que hace es abundar en la desconfianza en los indecisos. Rivera y Casado han decepcionado aunque les apunten las victorias los quinielistas.

Muchos espectadores fuimos a encontrar planteamientos, propuestas, y nos encontramos con trastadas, rabietas y un juego dialéctico de bravucones de barrio por la tarde. Los aspirantes a presidir el país se comportaron más como familiares de Gran Hermano que como políticos, como si pensaran más en el televoto plástico de un reality que en las papeletas reflexionadas de una urna. Cuando la ciudadanía se convierte sólo en audiencia tal vez todos se fijan más en el impacto y la interpretación que en el trasfondo y el futuro.

España no es un reality, porque nos jugamos el pan. Y entre todos nos empeñamos en convertirla en un show de tronistas para entretener a Ferreras.

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