No me lo podía imaginar nunca... que yo fuera el primer terrícola que enviara una crónica desde un exo planeta. Me tiemblan los dedos al escribir, porque habrá millones de personas que lean ávidamente esta misiva. Bueno, vamos al grano. Estaba yo en plena naturaleza y sorpresivamente aterrizó, con mi espanto al verla, una nave espacial. Se bajaron unos extraños seres y amablemente me invitaron a acompañarles. Dudé, pero inmediatamente acepté, porque jamás podía imaginarme esta aventura.

El planeta orbita alrededor de la estrella binaria Próxima Centauro Alfa y Beta, la más cercana a nuestro Sol. Siempre es de día, porque en realidad está entre dos estrellas que se complementan, mientras por una es día, por otra es noche, y viceversa. Y es habitable con masa rocosa y atmósfera y mares. Y además tiene una masa parecida a la Tierra de manera que la gravedad y los seres que la habitan pueden ser parecidos a los nuestros. Son una mijita más bajos que nosotros y con más pelos. De tantas cosas hoy solo os cuento algunas referencias.

El cuerpo tiene algunas diferencias, tiene branquias y pueden vivir también bajo el mar. Tienen los brazos y las piernas que giran atrás y delante. No precisan hablar, se comunican por telepatía y por ondas. Como hay un clima muy bueno, casi no llevan ropas y de una manera muy natural. Estaban llenos de curiosidad por nuestras cosas. Ya sabían de nosotros hace tiempo, pero no se fían, sobre todo porque conociendo muy bien nuestra historia, ellos no padecen guerra alguna, han llegado a una paz verdaderamente extraordinaria. Han llegado a un equilibrio ejemplar de los bienes, alimentación y recursos. En el planeta han superado el problema de las comunicaciones, porque tienen la capacidad de desplazarse a la velocidad precisa.

Sorprendente. Quieren importar mujeres y hombres de la Tierra para un cruce con ellos y 'mejorar la raza' (como se hace aquí con el ganado retinto con charolais). Les dije que me parecía difícil, aunque hay gente pa tó. Ahora bien, que conmigo no contaran. Tener un hijo a 41 billones de kilómetros y además medio pescao... ¡Ni hablar! Cuando llegué de vuelta a la Tierra nuestra suspiré y me pareció todo más bonito, hermoso y encantador. A pesar del Covid, di besos a todo quisqui, hasta al guardia de la esquina, que me miró asombrado y dijo: "¡Este tío está loco!

P.D. Por aquí, Cristóbal con su muleta el otro día desde la otra acera me gritó: "Antonio, dile al periódico que escriba La Corredera con letras más grandes, que yo ya no puedo leerla".

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