Lo que voy a contarles fue la gota que colmó el vaso. No se me ocurriría tratar este tema, que alguno considerará políticamente incorrecto, si no preocupara a demasiados. Lejos de mi intención molestar o criticar.

Era por mayo. Tela de calor y hora en la que se duerme siesta. Había quedado con alguien en una esquina céntrica cuando un coche, atiborrado de bolsas llenas de lo que suponía alimentos, aparcó junto al portón de una casa antigua. Con la ayuda de dos señoras lo intentaban pasar rápido adentro de la casa. No eran compras de algún hipermercado. A esa hora, Cáritas no estaba abierta ni, por supuesto, repartiría tanto a una misma persona. ¿Y si alguno de los asiduos recogedores de alimentos los revende?

Pensé en la posibilidad de que procedieran de alguna hermandad solidaria, o de las donaciones de más de una Cáritas que, por lo que creo, son independientes. ¿Será que no existe conexión entre estas sociedades que ayudan y que esto se presta al abuso de alguno?

Jamás diría, de todos. Porque nuestro Puerto, como todas las ciudades, tiene problemas urgentes y demasiadas familias que, mientras no les cambie la situación, deben de recibir asistencia. Luego, no hablo de no aportarles lo que, en justicia, les corresponda, sino de la necesidad de coordinar las ayudas para impedir los abusos. 

Si el que llega a Cáritas jura que Bienestar Social no le ayuda, dará pie a sermones candentes como los que alguna vez todos oímos con la buena intención de despertar las conciencias insolidarias. Si alguien de Bienestar Social lo oye, se siente ofendido porque no es así. Si nuestro tramposo/a luego llega a una hermandad y luego a otra…

Entiendan mis palabras y su intención. Lo que intento expresar es que, en los tiempos que corren, las entidades que ayudan ─las religiosas también─ deberían de estar coordinadas para impedir los abusos. Tan fácil como la informática.

Al “Haz bien, sin mirar a quién”, podríamos responderle “A Dios rogando y con el mazo dando”.

Solidarios, siempre. Para quienes lo necesitan. No para mantener negocios de algún listillo. Pero repito: solidarios, siempre.

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