Ya comenté esa sensación agridulce que tengo al vivir nuestra ciudad, ese punto intermedio entre la alegría y la confusión. Y la verdad que viviendo acontecimientos de la misma, más me hace pensar y más se me acentúa ese sentimiento.

La semana pasada asistí al acto presentación de la temporada taurina portuense. Dicho acto se celebró en una bodega situada en plena Ribera del Guadalete. Mientras aguardaba a entrar, levanté la vista y vi como a unos minutos de que se presentase la temporada más importante del verano andaluz, mi ciudad recibía a los visitantes con una obra inacabada, inundada, abandonada y quizás a días de decidir si en esa obra de parking, en vez de aparcar coches, se enterrarán sueños, promesas de casi una década y mucho dinero público.

Levanté la vista un poco más y fui cruzando con la mirada hacia la otra orilla del río, donde se celebraba la Feria de El Carmen y el Dsoko Fest, símbolo y realidad de que nuestra ciudad quiere vivir, quiere recuperar su pulso y ser consciente de que no hay que buscar esa nueva normalidad, sino que hay que ser consciente y normalizar que el virus se quedará entre nosotros para convivir.

Un poco aturdido con esos cinco minutos de reflexión, entré en la bodega y se me vino a la cabeza esa expresión de “Al pueblo, pan y circo”.

Estábamos allí, los mismos que días atrás decíamos que era desilusionante que nuestra Plaza, aún no tuviese empresario, los mismos que decíamos que a estas alturas era de vergüenza que no se supiesen los carteles y los mismos que preguntábamos por el famoso pliego meses atrás.

Estábamos allí y encima contentos, porque la “afición” supera a la “ficción” de intentar o querer entender que por el motivo que sea, las gestiones o no son fáciles, o son insuficientes, eso yo no lo sé.

Su “Princesa del Sur”, así llamó el nuevo empresario a nuestra Plaza Real y me gustó. Me gustaron los carteles, me emocionó ver los nombres de mis paisanos en ellos, me gustó el homenaje a Galloso, me gustaron los versos de José León y me vine muy ilusionado.

Una tarde llena de visiones diferentes, una tarde de las que regala, El Puerto de los contrastes.

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