Perdonen ustedes la palabrita, pero no hay sustitutivo sobre todo en este caso. Leí la expresión en Facebook y me parece muy acertada, aunque sea mal chocante y me he permitido transcribirla. Se refiere a los que prenden fuego en los montes por motivaciones tan exorbitantes que en sus intelectos no debe caber ni una pizca de juicio. Por mucho que lo piense, no llego a comprenderlos… ¿Qué ganas alma mía con ello? Así que perdonado por ustedes el uso de la interjección, procedo.

Los montes no pueden vivir como si estuviéramos en la prehistoria, por mucho que nos pese a los ecologistas y a cuantos amamos la naturaleza en toda su pureza. Los matorrales, la hierba que crece junto a los árboles, son pasto innegable cuando surge un fuego y lo propaga inmediatamente y no hay quien lo pueda contener. O hay árboles o no hay árboles. A escoger. Y además una cosa importante que muchos olvidan, cuando una cabra se come un lentisco u otro ramaje, brota de nuevo, porque las raíces vuelven a desarrollar el cuerpo de la planta.

Las cabras que se antojan como subterfugio de las clases depauperadas y ganado de las viejas comunidades, son el mejor remedio o uno de los mejores para evitar los fuegos. Pasear por el monte y ver un lentiscal o un romeral o un carrascal, tomillos, retamas, es bonito, se respeta, pero cuando rodea un conjunto de pinos, dejémoselos a las cabras que también tienen sus derechos. Y luego los chivos están buenísimos y hasta la leche de cabra es buena, nutritiva y saludable. Por supuesto que también valdría las escardas y las piaras de ovejas. Dar incentivos, mejoras, gratificaciones…

Permítanme ustedes que haga un recuerdo de mi hermano Juan, ha tiempo ya en pinares del cielo. Era un gran labrador y no solo eso, sino enamorado del campo y amante hasta el extremo de la naturaleza. Decía siempre que el monte no puede vivir sin limpiarse y hablaba con los forestales muy a menudo del tema. Como ejemplo o anécdota de su gran a amor y apego a la tierra, recuerdo una vez, que después de una gran sequía le vimos venir del campo completamente chorreando, empapado hasta los huesos. Y es que estaba tan identificado con la madre Tierra que había sentido y tenido la sequía como una cosa propia. Simple anécdota, pero real.

P/D. Viviendo cerca de arboledas, las siento como algo propio y me duelen en el alma los incendios como el de la provincia malagueña que ha sido tan cercano. A eso habría que añadir una campaña entre todos para concienciar que sin árboles no hay oxígeno, no hay vida… ni siquiera pájaros.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios