Cuando uno empieza una relación intenta poner sobre la mesa sus mejores armas, los mejores halagos, los mimitos más intensos con tal de intentar que ese amor perdure en el tiempo y termine por hacerse eterno. Pero hay parejas que quieren y no pueden. Intentan lanzarse besitos desde lejos sin demasiado acercamiento, pero se guiñan, se rozan y lo intentan, pero si una relación es imposible, mejor no forzarla. Hace dos semanas, el concejal de Urbanismo, Martín Vila, se alegraba de ver que, por fin, Junta y Ayuntamiento reman en una misma dirección. Decidieron ir de la mano en el derribo de la Aduana. Pero ha sido un amor fugaz, más bien un escarceo interesado. A la vista está que este viernes, el mismo Vila denunciaba, con falsa extrañeza, que la Junta había recurrido la decisión del Pleno de frenar la proliferación de salones de juego cerca de los colegios. Al final queda demostrado que ni San Valentín une el agua con el aceite.

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