Como si fuera la alfombra roja de cualquier festival de cine, los principales actores de la película de nuestra vida cotidiana desfilan con la mejor de sus sonrisas tratando de arañar votos a menos de un mes para las elecciones andaluzas. La primavera es una feria tras otra, un rebujito tras otro, una sevillana infinita en bucle y un político que se puede llamar Juanma, Juan, Macarena o Teresa entrando en casetas y vendiendo castillos en el airea cambio de una papeleta. Sevilla, Jerez, El Puerto, Sanlúcar, Chiclana y así hasta el infinito y el más allá, que es la propina del Carnaval de Cádiz. El fin de la prohibición de las mscarillas nos deja ver las sonrisas de todos en una especie de hoguera de las vanidades, en un mundo paralelo que va muy lejos de las facturas de la luz por las nubes, del precio de la gasolina y de todos los productos que terminan perjudicando a los mismos a los que se agasaja.

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