Una 'vaina' llamada "Cien años de soledad"

Mutis fue el primer lector de la obra maestra de García Márquez... y no le gustó nada lo que leyó

Una 'vaina' llamada "Cien años de soledad"
Una 'vaina' llamada "Cien años de soledad"
P.i. Cádiz

24 de septiembre 2013 - 05:00

García Márquez y Álvaro Mutis mantuvieron una estrecha amistad durante décadas. La veneración de García Márquez por Mutis fue tal que le confió el primer manuscrito de la que acabaría siendo su obra maestra, Cien años de soledad. Así fue. De los muchos hechos de la rica biografía de Mutis resaltará siempre que él fuera el primer lector del nacimiento, auge y caída de Macondo. ¿Y qué pensó? Lo contó el propio García Márquez en el prólogo de La mansión de Araucaíma, un relato de Mutis que explica mucho de cómo se iría desarrollando la literatura latinoamericana posteriormente.

En fin, según contaba García Márquez, la reacción de Mutis fue furibunda. "Esta vaina no tiene nada que ver con lo que me ha contado. Me ha hecho quedar con mis amigos como un perro". Porque Cien años de soledad empieza por Mutis, empieza en el momento en que Mutis le entrega a García Márquez un ejemplar de Pedro Páramo, la maravillosa novela de Juan Rulfo y le espeta: "Tome, para que aprenda". García Márquez se entusiasma con Rulfo. Él también quiere crear. Durante 18 meses, casi a diario, García Márquez se reúne con Mutis y le va contando lo que está escribiendo, le va contando Cien años de soledad. A Álvaro Mutis la historia le apasiona y va contándola por todos los cafetines del Distrito Federal, con detalles corregidos y aumentados. Cuando la palabra de García Márquez pasa al papel, Mutis se encoleriza. "Desde entonces ha sido el primer lector de mis originales. Sus juicios son tan crudos, pero también tan razonados, que por lo menos tres cuentos míos murieron en el cajón de la basura porque él tenía razón contra ellos. Yo mismo no podría decir qué tanto hay de él en casi todos mis libros, pero hay mucho", ha escrito García Márquez.

Pero es que aquel prólogo escrito por el creador del paisaje de Macondo tiene mucha más chicha. En él García Márquez se despachaba con su paisano, al que definía como hombre de "oficios raros e innumerables". Ya se sabe, sus petroleras, sus negocios con las televisiones... siempre con gente de poco fiar y siempre generando historias desternillantes, la mayoría reales, como en aquella ocasión que se equivocó y proyectó una comedia pornográfica a unas monjitas de beneficencia.

La amistad entre ambos escritores ha sido legendaria, pese a que, como reconocía García Márquez, "nos vemos poco y sólo para ser amigos". Contando con que durante 30 años han vivido en la misma ciudad esta amistad que no necesita del roce se afianzó más en sus viajes juntos por Europa que en su vecindad.

De esos viajes por Europa es otra anécdota. En concreto, en Bélgica. Dijo Mutis: "País de grandes ciclistas y cazadores". ¿Qué quiso decir? Nada, nunca lo supo García Márquez. Entonces Mutis le contó que llevaba dentro "un bobo gigantesco, peludo y babeante, que en sus momentos de descuido suelta frases como aquella hasta en los palacios presidenciales, y tiene que mantenerlo a raya mientras escribe porque se vuelve loco y se sacude y patalea por las ansias de corregirle los libros". A raya lo tuvo, sin duda.

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