Cultura

El testimonio de una gran verdad

Durante bastantes años, la fotografía sufrió muchos de los desajustes que, a veces, el propio arte y los que a éste manejan promueven, quizás llevados por ese acomplejado juego esquivo que manifiestan aquello que quieren parecer modernos y pontificar en una misa para la que no están consagrados. El resultado de todo esto se tradujo en un exceso de fotografía advenediza realizada por neófitos con pocas luces y menos medios artísticos con que plantear un desarrollo fotográfico serio y riguroso que les cogía con el pie cambiado. Al mismo tiempo, quienes esto planteaban lo hacían con la aquiescencia de los abanderados de una modernidad artística que, también, dejaba mucho que desear, inmersos en sus cómodas parcelas poco comprometidas y rectoras de una creación que argumentaba demasiadas incongruencias. Mientras tanto, los fotógrafos de verdad, aquellos que fueron, en cierta manera, hasta iniciadores cercanos de una realidad que, ellos, sí conocían y sabían plantear con criterio, rigurosidad y seriedad, permanecían callados, trabajando y sin podérselo creer. Cuando la sensatez se hizo presente y los espurios planteamientos de poco sentido se cayeron por su propio insostenible peso, aquellos equivocados protagonistas de tan pobre e insustancial fotografía recogieron velas y se encerraron en sus propias vergüenzas. Permanecieron la verdadera fotografía y sus auténticos hacedores, los fotógrafos fotógrafos. Y aquí entra el protagonista de esta exposición en la chiclanera Casa de la Cultura, Pedro Leal; fotógrafo convencido, autor de trabajo verdadero, consciente y alejado de todo aquello que los primaverales artistas de nuevo cuño ofrecían, casi siempre, a expensas de lo que la técnica les dirigía sin que ellos supiesen muy bien por dónde se accedía a los auténticos planteamientos de la fotografía.

Pedro Leal asume la realidad de la más pura esencia fotográfica que no es sino captar la propia realidad de las cosas para positivarlas en sus encuadres más afortunados. Sus fotografías han descartado el prosaísmo reinante pero sin renunciar absolutamente a él - cuando hay que ponerlo en evidencia se toma como un elemento plástico más para mostrar su faceta más artística-; dejándose atrapar por la sutileza de una oferta visual que predispone al objetivo para aprehender la artisticidad del momento y desarrollarlo plásticamente. El artista de Chiclana nos conduce por los argumentos creativos de unas fotografía abierta, sin cortapisas ni exigencias de ningún tipo. Plasma lo que considera digno de constituir motivo estético y lo hace atendiendo a los sistemas organizativos y estructurales de la gran fotografía, aquellos que no responden a modos ni a intereses poco claros.

La exposición, concebida a modo de pequeña antológica, nos sitúa en los convincentes parámetros fotográficos de un artista que es profesional del medio - y eso se nota-, dominador de los argumentos técnicos pero no supeditándolo todo a las exigencias de una técnica que, muchas veces, se convierte en madrastra si sólo mantiene tales circunstancias. Pedro Leal acoge la realidad bajo su prisma de observador privilegiado para concederle su máxima potestad representativa, aquella que ilustra lo concreto revistiéndolo con las bellas galas de una expresión ilimitada.

La fotografía de Pedro Leal es sabia, lúcida, madura, nada efectista y, sobre todo, cuenta con el privilegio de un oficio que lejos de atemperar la creatividad potencia y maximiza el rigor de una obra que está dotada con todos los valores de un arte imperecedero al que muchos han querido acceder vacíos de casi todo y sólo unos pocos mantienen la expectación de lo verdaderamente convincente.

La exposición de Pedro Leal nos pone en las despejadas rutas de una fotografía exigente que expande lo mejor de una expresión artística que no esconde subterfugios y descubre a los que nada tienen que decir. Es, en definitiva, el testimonio de una verdad creativa muy acertadamente argumentada.

PEDRO LEAL

Casa de la Cultura CHICLANA

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