El teatro y su doble

Malayerba teatro actuó ayer en La Lechera.
Malayerba teatro actuó ayer en La Lechera.
Désirée Ortega Cerpa

30 de octubre 2010 - 05:00

Compañía: Teatro Malayerba.· Textos: Gerson Guerra, Cristina Marchán, Manuela Romoleroux, Daysi Sánchez Josefino Suntaxi, Santiago Villacís, Coco Maldonado y Artístides Vargas. · Dirección y dramaturgia: Artístides Vargas. · Intérpretes: Mª del Rosario Francés, Gerson Guerra, Manuela Romoleroux, Daysi Sánchez, Josefino Suntaxi, Arístides Vargas y Santiago Villacís. · Escenografía y vestuario: José Rosales. · Iluminación: Elena Navarrete. · Compositor y sonidista: Jorge Espinosa. · Día: 28 de octubre. · Lugar: Sala Central Lechera.

Sostiene el poeta Élouard que "existen otros mundos, pero están es éste" e indudablemente, podemos habitar en ellos gracias a la literatura y el teatro. Así Malayerba, con la sencillez que caracterizan sus montajes, nos sumerge en un mundo mágico desde que ocupamos nuestros asientos. Solamente con unas simples gasas blancas, rematadas por transparencias salpicadas de letras sobre el fondo negro, que cuelgan en los laterales y al fondo para formar un pasillo de tres lados, crean una atmósfera muy especial, de fantasmagoría.

En este espacio, como espectros, surgen personajes y situaciones del particular mundo construido por el escritor ecuatoriano Pablo Palacio (1906-1947), incomprendido iniciador de la literatura fantástica en un ambiente literario dominado por el costumbrismo.

La estructura y desarrollo no son lineales, sino que se suceden una serie de fragmentos entrecruzados como piezas de un rompecabezas que debemos armar sin tener el modelo, pero que al final nos convencen y nos describen diversos relatos de un autor olvidado, de breve vida y obra, pero fundamental en la historia de las letras de su país.

El tema del doble, propio y recurrente en la cultura latinoamericana, se manifiesta constantemente por la duplicidad intrínseca de los personajes. Los parlamentos son de carácter poético y, como es característico en la dramaturgia de Arístides Vargas, incitan a cierta reflexión o distanciamiento sobre los propios vocablos, provocando el extrañamiento para así teñirlos de nuevos matices. La interpretación fluye de manera natural, sin aspavientos, y con la adecuada matización, intercalándole dramatismo y humor a partes iguales, estatismo y pequeñas coreografías de danza contemporánea, grotesco esperpento y delicado lirismo onírico. Todos los participantes, además de regalarnos un delicioso espectáculo, han cumplido con una loable labor. Es decir, en palabras de Cano en la edición sobre González del Castillo de 1914, "resucitar en la memoria de los vivos a aquellos (…) que pagando en buena gloria la mala vida que les dio su patria, conquistaron contra la envidia el derecho a la inmortalidad".

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