Cultura

El pícaro de Quevedo se fue por el ojo sin niña

Ficha artística: Teatro Clásico de Sevilla. Obra: El Buscón. Autor: Francisco de Quevedo. Dirección y versión libre: Alfonso Zurro. Reparto: Pablo Gómez-Pando: El Buscón, Manuel Monteagudo, Manuel Rodríguez, Antonio Campos, Juan Motilla, Mª Paz Sayago y Paqui Montoya. Diseño escenografía y vestuario: Curt Allen Wilmer. Diseño iluminación: Florencio Ortiz. Diseño de música: Jasio Velasco. Ayudante de dirección: Verónica Rodríguez. Fotografía y diseño gráfico: Luis Castilla. Realización de escenografía: Pablo Gonzálbez. Realización de vestuario: Andrés González y Eva Moreno. Día: sábado 3 de agosto. Duración: 1 h. y 45 minutos sin descanso. Lugar: Patio porticado de San Luís Gonzaga en El Puerto. Aforo: Medio aforo.

Historia de la vida del Buscón, llamado don Pablos; ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños. Fíjense ustedes que hasta el propio Quevedo nunca reconoció haber escrito esta obra con toda la picardía y picaresca que queramos imaginar; y no puede ser otra la razón de tal suceso que eludir posibles complicaciones con la Santa Inquisición porque, siguiendo el tópico literario de un pasaje de una de las mejores creaciones de la literatura universal "Con la iglesia hemos topado amigo Sancho".

El Buscón es una obra eminente de la picaresca española, heredera del Lazarillo de Tormes y precursora, junto a él, de toda una tradición que aún compite con la del Príncipe de los Ingenios. En la misma se cuenta la historia del segoviano Pablos, quien siendo niño se pone al servicio de un compañero de escuela, Don Diego, que a su vez está bajo la tutela del licenciado Cabra, un clérigo que casi los mata de hambre.

Pues bien, hasta aquí podríamos decir que la crítica sobre esta adaptación libre, muy libre que Alfonso Zurro hace de la obra de don Francisco de Quevedo estaría regida por los cánones normales de lo que sería en sí misma una crítica sobre teatro clásico. Bien es cierto que lo que se expresa es la opinión personal, muy personal del que suscribe y firma al final del folio. Y para gustos los colores.

Dicho esto, Teatro Clásico de Sevilla tiene el enorme mérito de querer y poder cubrir el vacío que existe, según ellos, de piezas clásicas del teatro español en el panorama artístico nacional. Es una compañía de repertorio muy valiente que estamos convencidos exprime al máximo sus posibilidades reales de producción teatral.

Sin embargo esta versión del pícaro de Quevedo a mi juicio, queda un tanto light al pretender su adaptador trasladar las circunstancias históricas, sociales y políticas de ese imperio en decadencia que era la España del Siglo de Oro con la actualidad de Españistan. El encadenamiento de cuadros inconexos y repetitivos hace un tanto pesada la representación que tan sólo consigue en alguna que otra escena -las del ciego o el trilero por ejemplo- encontrar el espíritu quevediano que fuimos a buscar más de uno. Ya se sabe que quien bien tiene y mal escoge, si sale mal que no se enoje.

Muy conseguido eso sí el espacio escénico concebido por Curt Allen en donde un vestidor plagado de ropajes y maniquíes arropan a la llamada Generación de Oro del teatro sevillano, que pone todo su empeño y esfuerzo en sacar adelante los 60 personajes que se inventa Zurro inspirado en el texto del autor madrileño.

Ya lo dijo el propio Quevedo al final de su obra: "…nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar, y no de vida y costumbres."

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