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El cartapacio de Antonio Raphael Mengs
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Era ésta una exposición tremendamente esperada por la legión de entusiastas seguidores que tiene la obra de Carlos C. Laínez. Sus anteriores series, Los Oficios Imposibles (Galería Belén) y Ejercicio de Mitología (Galería Benot), constituyeron absolutos éxitos de público y críticas, lo mismo que lo es el resto de su pintura, y se ansiaba una nueva comparecencia de este artista. Carlos C. Laínez es uno de nuestros más singulares artistas y uno de los que posee mayor sabiduría creativa. Su obra, lejos de dejar indiferente, gusta a grandes y a chicos, se muestra inmediata a todos -incluso a los paladares más exigentes- y recrea un universo de mágicas realidades donde lo mediato y lo inmediato funden sus fronteras en unos bellos ejercicios de dulce y amable creatividad.
De nuevo la obra de Carlos C. Laínez ha vuelto a entusiasmarnos. La espera ha valido la pena, pues nos hemos encontrado con un trabajo excelso donde se nos ofrece una parcela del infinito compromiso narrativo de un artista que es capaz de hacer belleza literaria y plástica de cualquier sencillo planteamiento. Ahora nos encontramos con la inquietante realidad de un gato como postulado conceptual desde donde recrear unos bellísimos episodios narrados y pintados con el gato como protagonista ideal de un mundo que se nos ofrece cercano, entrañable y lleno vida.
No es la primera vez que el gato protagoniza el mundo de imposibles cercanos de este artista. Siempre lo hemos tenido presente en una esquina de sus cuadros, roneando al lado de sus personajes o dormitando una sempiterna siesta junto al viejo sillón que preside una estancia ajedrezada. Los que lo conocemos, también, sabemos lo que encierra la bella gatita para su comprometida existencia. Una vida felina que preside pues el mágico compromiso de un artista eminentemente creador y que, desde todos los estamentos creativos, da vida a múltiples realidades que dejan de ser ficticias para adentrarse por una esquiva realidad -también podemos decir que dejan de ser reales para habitar un entorno de imposibles-. Y es que cuando se trata de la obra de Carlos C. Laínez cualquier posibilidad o imposibilidad puede ser posible de tanta fuerza creativa de su obra.
El gato se convierte en personaje ideal para un desarrollo visual donde se hace presente un mundo cercano de imágenes cotidianas. Bellas piezas de coleccionistas que recrean el ideario estético de este artista. Un universo cada vez más personal donde tiene cabida una existencia presentida, una realidad contenida donde el felino rezuma humanidad y objetualidad; conceptos que marcan rutas de compleja complicidad y que ponen de manifiesto la portentosa capacidad creativa del artista jerezano.
Una vez más Carlos C. Laínez llega con su increíble tratado de magia artística. La factoría Crespo Laínez vuelve a marcarnos la ruta de un universo de imposibles; esos que tenemos cercanos y que surgen expectantes en esta historia de duermevelas que es nuestro entorno cotidiano.
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