Cultura

La música del viento

  • Ara Malikian desafía con éxito al levante en su espectáculo dentro del Concert Music Festival

Un momento de la actuación del violinista, la noche del sábado en Sancti Petri. Un momento de la actuación del violinista, la noche del sábado en Sancti Petri.

Un momento de la actuación del violinista, la noche del sábado en Sancti Petri. / NACHO FRADE

La de veces que habremos leído o escuchado esa figura literaria, en ocasiones manida, de "la música del viento" sin alcanzar a entender, por mucho que acerquemos el oído a la ventana, cuál es su significado completo. Para descubrirlo solo hizo falta pasarse por el recital que el violinista Ara Malikian ofreció el sábado en Sancti Petri, dentro del cartel del Concert Music Festival.

El músico desafió con virtuosismo al fuerte viento de levante y lo envolvió de melodías, lo atrapó entre notas imposibles y sorteó su mala baba con más energía que la de cualquier fenómeno atmosférico imaginable. Si Cádiz da viento, Ara produce torbellinos con una energía que parece inagotable, sin despeinarse y ¡eso que es complicado!

Ara etimológicamente significa "altar" y en uno de esos habría que poner al artista de origen libanés y su banda, formada por siete fantásticos músicos con muchísima cuerda y sentido del humor (Héctor "El Turco", Nantha Kumar, Jorgue Guillén, Humberto Armas, Tony Carmona, Cristina Suey y Tania Abad). A todos ellos, "barroquísimos" -los definía Malikian- el escenario les viene pequeño. Saltan, bailan, se arrastran por el suelo y llevan a la audiencia al cielo enviando lejos cualquier ortodoxia musical que se les presuponga a los venidos de la formación clásica. Verlos en directo es una deliciosa locura no apta para mentes estrechas o pseudointelectuales de tres al cuarto.

A los que puedan acusar a Ara Malikian de venderse, hay que decirles que tienen razón. Se vende, pero que muy bien y a base de talento y duro trabajo. Suda el chaleco como nadie y pone las palabras necesarias a la música instrumental con el fin de otorgar al repertorio el contexto adecuado de cada pasaje, para comprender en toda su dimensión La increíble gira de violín. Así se llama la tremenda puesta en escena que pudo verse en Chiclana para deleite del respetable, en pie en más de una ocasión.

Ara Malikian posee una manos que hablan cuando acaricia o pellizca, con la misma devoción, las cuerdas de su instrumento y una boca que relata de donde le viene esa peculiar manera de entender la música, en un libre ejercicio de mezclar todos los mundos posibles sin que la convivencia se resienta. En su coctelera caben Bach y Paganini, "mi ídolo" -confesó-, el Life on Mars? de Bowie y Kashmir de Led Zeppelin, el inimitable movimiento de pelvis de John Travolta vía Tarantino e, incluso, el popular El baile de los pajaritos metido ya en los albores del final del show entre el público, mirando de soslayo a su violín y de frente a las caras de asombro y disfrute repartidas en las butacas. Malikian transgrede los límites físicos y formales de la música sin perder la compostura profesional u olvidándose de ella cuando lo demanda la ocasión.

En algunos momentos, el viento de levante trajo aromas tradicionales del próximo oriente con la ejecución de piezas como Bourdj Hammoud, el "barrio del Líbano donde nací", donde empezó a coquetear por igual con los clásicos más clásicos y con los roqueros más desgarbados, una promiscuidad sonora que disgustaba por igual tanto a su padre, del equipo de Beethoven y Bach, como a su hermana, forofa de Led Zeppelin. Ni con unos ni con otros pero con todos al mismo tiempo, Malikian conjuga como nadie eso que llaman fusión aunque no cualquiera consiga dominarla con tanta maestría.

Tan asilvestrado como el viento y tan genial como él solo, Ara Malikian se monta la historia por su cuenta y encara con gracia ese terrible fa sostenido de La Campanella de Paganini, burla la tradición lutier llamando a su violín Alfredo Ravioli, se relame el gusto sonoro en pizzicatos Con mucha nata para prepararse, más tarde, unos Broken eggs que supieron a gloria bendita. El menú que elaboró con mimo y descaro a partes iguales fue suculento y, al mismo tiempo, dejó con ganas de mucho más.

Ara Malikian salió victorioso en Sancti Petri de su lucha contra el levante, el envite del clasicismo y las barreras entre lo culto y lo popular. Como el viento, su música pasa y arrasa pero al regreso nunca suena igual, siempre procura nuevos matices de éxito con los que sorprender y emocionar.

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