Cultura

Dos mil años de fascinación

Dos mil años de fascinación Dos mil años de fascinación

Dos mil años de fascinación

Siendo una de las figuras históricas más conocidas de la Antigüedad, el personaje de Cleopatra Filópator Nea Thea, que tal era su nombre completo, ha estado siempre rodeado de un halo legendario que ya sus contemporáneos contribuyeron a difundir, fascinados como nosotros por el magnetismo de una mujer excepcional cuyos supuestos defectos y virtudes se han convertido en proverbiales. Las más inmediatas fuentes latinas, condicionadas por la victoria de Octavio, el futuro Augusto, en la guerra civil que lo enfrentó a Marco Antonio, junto a quien la reina egipcia habría intentado disputar la primacía de Roma en el naciente Imperio, distan de ser objetivas y pueden ser interpretadas como un claro ejemplo de manipulación, pero tampoco las caracterizaciones posteriores han escapado de los estereotipos basados en prejuicios de época, sexo, raza o cultura.

De Lucy Hughes-Hallett habíamos leído la espléndida biografía, también traducida por Amelia Pérez de Villar, del poeta D'Annunzio, pero lo que propone en su aproximación a Cleopatra no es propiamente una biografía, sino un riguroso, apasionante y esclarecedor recorrido por la imagen que la soberana, elevada a mito de resonancias trágicas, ha proyectado a lo largo del tiempo tanto en la historia o la literatura, que han combinado de la misma manera realidades e invenciones, como en la pintura, el teatro, la ópera o el cine. Los poetas o los historiadores romanos, la magna obra de Shakespeare, los homenajes de los decadentes o las costosas producciones de Hollywood son sólo algunos de los hitos en un itinerario -más de dos mil años desde el famoso suicidio en el año 30 a.C.- de incontables representaciones y metamorfosis, donde a menudo Cleopatra, extranjera y exótica a ojos de los occidentales, ha encarnado el modelo de la seductora o femme fatale. Hughes-Hallet no se propone contrastar las sucesivas relecturas con una verdad histórica para la que no existen datos fiables, sino analizar cómo aquellas reflejan la mentalidad, los valores, los deseos y los miedos de los retratistas.

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