Una llamada para que no se pierda el toque de los clarines de El Puerto

El músico Miguel Ángel Arellano estudia y documenta la evolución de los avisos para la lidia en la Plaza Real y presenta sus trabajos de investigación en la anual charla taurina del Hotel Pinomar

Miguel Ángel Arellano García, que fue presentado por Manuel Herrera, durante su intervención con los clarineros de El Puerto.
Miguel Ángel Arellano García, que fue presentado por Manuel Herrera, durante su intervención con los clarineros de El Puerto.
F.o. / El Puerto

10 de octubre 2011 - 05:00

Ojo porque en las ciudades vecinas, como en la infinidad de las españolas, se ha perdido el toque de clarines y los clarineros acompañan a los maceros escoltando, en silencio, a las corporaciones bajo mazas.

No ocurre así en El Puerto, cuando la ciudad va bajo mazas, suenan los clarines, un toque, una tradición y una costumbre que, según el músico Miguel Ángel Arellano, se ha conservado en la ciudad de los cien palacios gracias al toreo.

Por eso Arellano, que reunió a muchos aficionados en la III Charla Taurina del Hotel Pinomar, hizo un llamamiento para conservar los clarines de El Puerto que, ante todo, son del Ayuntamiento.

Acompañado de los actuales clarineros -Tur Castro y Romero Viñas- ofreció una didáctica y amena conferencia en la que presentó sus investigaciones, partiendo de la evolución de la trompeta. Ilustró su exposición con un audiovisual, con varias trompetas -renacentista, helicoidal y de pistones- e interpretó los instrumentos explicando las diferencias de los mismos, su raíz y utilidad de origen militar.

Licenciado en el Conservatorio Superior de Música de Madrid, Miguel Arellano ha estudiado la música antigua e investigado los diversos archivos locales y el catedralicio de Cádiz, expuso que los clarines de El Puerto son creados desde el Ayuntamiento y que en 1730, al año siguiente de pasar a realengo la ciudad, en las actas capitulares, consta un acuerdo de contratar a los clarineros Juan José Reinoso y Pablo Miguel de Vizarrón por cinco reales al día y el derecho a abrir una taberna libre de impuestos.

Estos clarineros cesaron en 1735 por impago. El Puerto volvió a tener clarineros en 1746, cuando por el fallecimiento del Rey y el entronamiento de su sucesor, la ciudad los necesitó para las funciones, solemnes y de toros, contratándose a dos instrumentistas de Cádiz. Es la primera vez que se les documentan en los toros.

No hubo otra vez hasta 1762 cuando se contrata a Antonio Rodríguez y a su hijo. En 1823 los clarineros eran Juan José Caraballo y Manuel Gómez de la Sierra, siendo este sustituido por Manuel Mancini de Cádiz, de familia de tradición en los clarines. En 1892 se nombra clarinero a Manuel Bernal, siguiendo la tradición todo el siglo XX gracias al toreo.

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