Cultura

"Esto no es heroico: no podría hacerlo de otra forma. Esto es una necesidad"

  • El historietista Carlos Giménez habló de su obra en la sala Kursala de la UCA · "La sinceridad tiene una cosa muy buena: suena a verdad", afirma el autor de series como 'Paracuellos' o 'Barrio'

"Siempre he vivido del dibujo", afirma Carlos Giménez de una profesión de la que es difícil vivir pero que resulta indispensable, en su caso, para sobrevivir. Los dibujos ejercieron de llave liberadora durante su infancia en un hogar del Auxilio Social, en un país "reprimido y represor". "Pero los tebeos de la época -dice el creador-, tenían un lenguaje y unas historias que te hablaban de cosas como la amistad o la solidaridad. Eran nuestra inspiración y nuestro juego. Yo hacía tebeos de El Cachorro, que era un personaje de entonces, en cuartillas dobladas por la mitad. Pero por supuesto, cuando me preguntaban las señoras mayores les decía que quería ser médico".

Terminó siendo dibujante, sí, y también guionista, y autor de algunas de las series más celebradas del cómic español: Paracuellos, Barrio o 36-39. Malos Tiempos. "Es como si Vetusta Morla o Russian Red llevaran cincuenta años cantando", ejemplificó su presentador, el también dibujante Carlos Pacheco.

Giménez recordó en la Kursala sus inicios y trayectoria, su relación profesional y personal con su maestro López Blanco o las diferencias que encontró entre el gremio madrileño y el barcelonés, donde estaban las editoriales y las agencias internacionales: "Los de Madrid -explica- solían ser más cultos, entendían poesía, tenían una base intelectual, aplicaban conocimientos de anatomía... Los de Barcelona eran muy modernos: follaban mucho y eran muy vanguardistas, ya no te importaba cómo cayera un pecho porque ni siquiera sabías muy bien qué estabas viendo. En Barcelona es donde yo consideré que empecé a actuar profesionalmente".

Y lo hizo con unas historias en las que primaba el compromiso social y político, probando a poner en viñetas la realidad. Haciendo protagonistas a héroes medianos y recreando los recuerdos que le llegaban, no sólo desde su mente, sino de las de los demás. "La sinceridad tiene una cosa muy buena: suena a verdad", indica, por ejemplo, respecto a Paracuellos, una historia "que no quiso nadie" y terminó publicando, tras varios intentos fallidos, Ediciones Amaika.

Subraya Giménez lo importante que es para él tener en cuenta la narrativa, "el decir, ¿cómo se puede contar la soledad con un dibujo? Me preocupa mucho, además, que mis actores sean buenos actores, que tengan muchos matices". Tal vez por eso no es un autor de héroes al uso: confiesa haber encontrado dificultades a la hora de recrear los arquetipos de héroes y heroínas , "y luego lo que quería era que no me salieran héroes, sino el señor Benito, el carpintero...", bromea. Tan convencido está de que somos más bien supermanes de boatiné, que sus historias sobre relaciones tienen los desoladores nombres de Romances de andar por casa y Sexo y chapuzas - "porque es básicamente lo que terminamos haciendo todos"-.

Una actitud y un estilo que le han hecho estar más interesado en las corrientes francesas que en las norteamericanas. Eso no impide que Giménez haya elaborado temas de ciencia-ficción, como en HOM -historia para la que estuvo varios meses trabajando sin cobrar, vendiendo pescado para mantenerse-. "De todas maneras -se apresura a añadir el historietista- esto no es heroico: soy lo que soy, no sabría no hacerlo. Lo heroico sería hacer cosas completamente diferentes. Esto es un necesidad".

"¿Qué es lo que te queda por contar?", le pregunta, para cerrar las historias, Carlos Pacheco."¿En la guerra? ¿en la vida? ¿o en la guerra de la vida? -contesta Giménez-. Bueno, por edad, más me vale no meterme en proyectos de muy largo alcance. Hago carpetas, con recopilaciones sobre distintos temas y, ahora mismo, estoy trabajando en Año 1000, la sangre. Una historia en tres álbumes basada en un guión de cine. Y la verdad es que me apetece divertirme: volver a la épica y la leyenda".

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