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"Soy muy feliz, presumo de mi profesión"

  • El ovetense presentará hoy en el Teatro Villamarta de Jerez su nuevo espectáculo de magia, 'Prácticamente improbable'

Imagen de promoción de Anthony Blake. Imagen de promoción de Anthony Blake.

Imagen de promoción de Anthony Blake.

José Luis Panizo González (Oviedo, 1955), más conocido como Anthony Blake, visitará hoy el Teatro Villamarta de Jerez (20.30) con su espectáculo de magia 'Prácticamente improbable'. Una hora y media de entretenimiento en la que todo será fruto de la imaginación del espectador. Y de la habilidad de Anthony Blake, que lleva 36 años dedicado a hacer creer al público lo que no es, pero siempre con su permiso.

-¿Qué van a ver los espectadores en el coliseo jerezano?

-Pues lo primero que van a ver es un espectáculo tremendamente interactivo porque yo, evidentemente, sin la ayuda del público no puedo hacer absolutamente nada. Es un espectáculo en el que van a participar unas 50 personas y pudiera ser que hiciera algo con todo el teatro, casi seguro que sí. Todo lo que pasa en el escenario es prácticamente improbable, es decir, que yo pueda conocer detalles de los recuerdos de determinadas personas o de todos en general y que yo pueda relatar la situación cuando estaba teniendo ese recuerdo es prácticamente improbable. Es un recorrido a través de un montón de cosas que nos ocurren a todos, todos los días.

-¿Cómo se prepara físicamente y psicológicamente para este espectáculo?

-Pues físicamente me gusta pasear, entre 1 ó 2 hora diarias, bien con mi mujer o bien solo, o con uno de los perros. Y mentalmente, pues suelo llegar dos horas antes al teatro para conocer bien el espacio y la media hora anterior en que como no esté el teatro ardiendo, nadie puede entrar en mi camerino, ni decirme nada. Es mi rato de concentración previo.

-Dice que en este espectáculo el público decide más que usted.

-Sí, absolutamente. Digamos que aquí la improvisación está más controlada, pero son lo espectadores los que deciden qué pensar. Y hay una cosa que quiero destacar, el que no quiera salir o ayudarme sólo tiene que decir que no. Yo no voy a insistir. No hay nada peor que te obliguen a hacer lo que no quieres. Yo prometo al público que durante hora y media va a estar desconectado de todo y la hora y media siguiente estará pensando en cómo ese tío es posible que haya sabido que tengo una tía en Zamora. Es un espectáculo 2 x 1.

-Su seguridad en sí mismo es lo que deja al público más impresionado y parte de la clave de su triunfo.

-(Risas) Bueno, el secreto seriamente está en que yo me lo paso muy bien y eso se lo comunico permanentemente a la gente que tengo alrededor. Es parte del gran secreto que tiene esta historia.

-¿Se podría decir que usted manipula la mente?

-Tanto como manipular, no. Utilizo la mente de los demás. Igual que otros magos hacen magia con cartas, pañuelos o animales, yo hago magia con los pensamientos de los espectadores, no con las voluntades, que es muy distinto.

-Hubiera sido un buen publicista.

-No, me parece muy aburrido. No me pone nada. No sería bueno porque no me gusta. Lo mío es la historia de una pasión. Soy el hombre más feliz del mundo, presumo de la profesión que tengo, me completa, me llena y tengo la vida que tengo por ella. Y mi familia disfruta también.

-Y, sobre todo, viendo que el público le responde después de 36 años en los escenarios.

-Sin duda. Ver que la gente sigue estando pendiente de ti, que tienes una cantidad de seguidores brutal y que se llenan los teatros.. Eso es maravilloso.

-¿Juega consigo mismo, se pone a prueba?

-Cada vez que salgo al escenario. Si me ves cinco minutos antes de salir al escenario y me dices que tienes fuera un coche esperando en marcha, yo te digo ¡vámonos, vámonos, vámonos! El día que yo no tenga esa sensación, me retiro. No es miedo, es esa responsabilidad de saber que tienes un montón de gente que ha pagado un cantidad de dinero que no sé el trabajo que les habrá costado conseguir. Yo no puedo defraudar al público. Eso me motiva a salir y a vencerme a mí mismo.

-Desde aquella caja de 'Magia Borrás' que le regalaron siendo un niño ha llovido mucho. ¿Qué meta tiene ahora?

-Está en un próximo espectáculo con un montaje totalmente diferente al actual, con detalles escenográficos a los que les estoy dando muchas vueltas. Espero que se estrene, como muy tarde, en enero de 2019. Y también estamos con el regreso del programa 'Pura Magia' que se emitirá a primeros de julio. Y ahí estaremos críticos, al mismo nivel que utilizo conmigo mismo. Ni soy más duro ni más blando. Le exijo a los demás lo mismo que me exijo a mí.

-No le gusta la palabra truco, ¿es por miedo a que le pillen?

-No, no, no. Te aseguro que no me van a pillar porque antes del escenario hay muchas fases de elaboración del número. Lo que es truco es lo que hacen los políticos con nosotros, eso sí es manipular. Truco para los magos es engaño, falsedad. Prefiero llamarlo magia.

-No le voy a preguntar cómo hace sus números...

-Con mucho cuidado (ríe).

-¿Cómo le llegan las ideas para sus espectáculos?

-Leyendo y estudiando muchísimo, de todas las épocas. No hay otro secreto. Trabajo y ensayo. Ver incluso qué se hizo a principios del siglo XX y ver qué repercusión tendría ahora.

-¿Qué quiere provocar en el espectador?

-Sorpresa y misterio. Que salgan diciendo: "no entiendo lo que pasó pero este hombre supo lo que sea". Y, sobre todo, desconexión.

-¿Cómo desconecta de sí mismo?

-Leo y escucho música. Y que tengo dos hijos que me dan mucha distracción, y más ahora en plenos exámenes (ríe).

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