Literatura

El episodio gaditano de Galdós

  • La editorial gaditana Cazador reedita ‘Cádiz’, octava novela de los ‘Episodios nacionales’ del escritor canario

  • La edición, con introducción de Alberto Romero, incluye grabados de 1883

Portada del libro de Cazador, junto a uno de los grabados. Portada del libro de Cazador, junto a uno de los grabados.

Portada del libro de Cazador, junto a uno de los grabados.

Benito Pérez Galdós cuenta con calle en Cádiz desde 1980, cuando el ayuntamiento decidió acortar un tramo de la calle Sacramento, en su extremo más cercano al Parque Genovés, para rotular en ella el nombre del escritor canario, uno de los grandes literatos españoles de todos los tiempos y vinculado a la ciudad gaditana por su obra y su historia.En este 2020, año que comenzó con la conmemoración, el 4 de enero, del centenario de su fallecimiento, no son pocos los homenajes y actos que recuerdan su figura. Como lo ha hecho la editorial gaditana Cazador, que ha reeditado la novela Cádiz, la octava entrega de sus Episodios nacionales, en una edición con introducción del profesor Alberto Romero Ferrer que reproduce los grabados originales que en 1883 se publicaron en la primera edición ilustrada de esta serie que novela la historia de España en el siglo XIX, la historia del liberalismo español, como puntualiza el profesor Romero.

Galdós conoció Cádiz. Lo recuerda a este periódico Alberto Romero Ferrer señalando que el escritor formó parte de la comisión creada por el primer centenario de las Cortes de Cádiz. De hecho, en un vistazo a las páginas de Diario de Cádiz de aquella época, se comprueba que Galdós acudió a San Fernando en 1910, cuando La Isla celebró su particular centenario de Cortes; que en 1912, en marzo, el alcalde de Cádiz, Ramón Rivas, promovió la adhesión de la ciudad a la petición del premio Nobel para el escritor, finalmente no concedido, y que años más tarde, en 1917, Pérez Galdós tuvo que salir al escenario del Gran Teatro para recibir los aplausos del público tras la representación de su obra Marianela, con adaptación de los hermanos Quintero y protagonizada por la actriz Margarita Xirgú.

Así que fue patente, incluso desde los años del siglo XIX, la relación de Galdós con Cádiz, como ciudad liberal, que se plasma en sus Episodios nacionales en un personaje clave, Gabriel de Araceli, gaditano del barrio de La Viña que se convierte en el hilo conductor de esta serie histórica que arranca, precisamente, en la provincia con la novela Trafalgar. Cádiz aparece especialmente, como es lógico, en la novela homónima ahora reeditada por Cazador, y en El 19 de marzo y El 2 de mayo, con la proclamación de las Cortes.

“En la novela Cádiz –explica Romero Ferrer– hay varios tiempos: por un lado, el tiempo de la novela, entre 1810 y 1811, y principios de 1812. Pero después está la ciudad que recrea Galdós, que es el Cádiz de finales del siglo XIX, que es el que él conoce. La ventaja es que, urbanísticamente, hubo pocos cambios más allá de la desamortización de Mendizábal. Que el lector tenga en cuenta que aunque la ficción es a principios del XIX, la ciudad que recrea Galdós, las casas, las calles, es la contemporánea a él. Y la ventaja que tenemos los lectores de ahora es que ese Cádiz contemporáneo de Galdós se parece mucho al Cádiz de ahora, salvando alguna modificación arquitectónica. Él estuvo en Cádiz como miembro de la comisión del primer centenario, independientemente de que el puerto de Cádiz era puerto de entrada cada vez que viajaba a Canarias. Conocía la ciudad perfectamente”.

Y Cazador, con Carmen Moreno al frente, rescata ahora la novela Cádiz, como resume el profesor Alberto Romero: “Se trata de una especie de edición de bolsillo, bastante asequible económicamente, a la se le han añadido, y ahí es donde está un poco la originalidad del texto, los grabados de la primera edición ilustrada de los Episodios, que se han incluido, en la medida de lo posible, en las mismas partes del texto en donde iban en la edición original”.

Esa edición, que fue revisada y modificada por el propio Galdós, fue impresa en 1883. Como explica el profesor gaditano, en los grabados hay “figuraciones de personajes, salones, y también vistas de la ciudad poco conocidas o perspectivas que resultan muy originales, y que le dan una cierta excepcionalidad a la edición. Se han añadido también tres postales con fragmentos de uno de los manuscritos de Galdós que se conservan en la Biblioteca Nacional. Estas cosas le dan un valor añadido”.

Pérez Galdós es uno de los autores más prolíficos de la literatura española. Su obra es ingente, toca prácticamente todos los géneros literarios y está reconocida, además, como una de las mejores del panorama de las letras hispanas. Se puede escribir mucho y hacerlo mal, pero Galdós escribió mucho y con una indiscutible calidad literaria. ¿Y qué se propone hacer con sus Episodios nacionales? ¿Qué le lleva a escribirlos?. Alberto Romero da algunas de las claves: “Creo que él afronta la obra de los Episodios por dos motivos. Por un lado, porque es un proyecto editorial que le va a generar ingresos económicos importantes, pero además parte de que para él la literatura no es solamente un entretenimiento para el lector, sino que debe formar críticamente al lector. Y su objetivo era, precisamente, contar la historia del liberalismo de España. Por tanto, él, en cierto sentido, está haciendo política o didáctica política o catequesis política con estos Episodios nacionales. Y la fórmula le salió bastante bien. Galdós juega con la técnica del folletín, de la novela por entregas, que son géneros menores pero que para él son muy importantes porque son muy populares. Él, siendo un autor de muchísimo fuste, se remanga y utiliza técnicas que son de esa literatura folletinesca y popular, que estaba muy desprestigiada en la época pero que tenía muchísimo éxito, muchísimos lectores”.

En todo caso, sobre Galdós siempre planeará la sombra, ya destacable en su contemporaneidad, de que se fuera del mundo hace cien años sin el Premio Nobel de Literatura, sin ser, que lo hubiera merecido, el primer Nobel español –que fue a parar a un hoy nada vigente Echegaray–. El profesor Alberto Romero lo tiene claro: “Yo creo que él es un autor, desde el punto de vista político, muy significativo, en el sentido que hoy nos puede parecer un personaje del siglo XIX. Pero fue muy rompedor en su época, sobre todo por sus posturas anticlericales, por su izquierdismo bastante consensuado, sobre todo porque era un autor, era un político, muy conocido. Yo creo que sí, que ahí hubo... no voy a decir un ajuste de cuentas, pero casi”.

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